Antonio Campos Alcázar, nuestro amigo y compañero de colegio citado en tantos capítulos de “Un siglo de tebeos “, nos explicaba a mi hermano y a mí que tuvo que pedir a la Editorial Bruguera, por gentileza de Consuelo, la dueña de la papelería Sanz, el número 2 de “El Cachorro “ porque estuvo enfermo y cuando mejoró y fue a comprarlo se había agotado y estaba en los escaparates el tercer ejemplar de la apasionante serie, por cierto que en esa segunda entrega de la obra maestra de don Juan García Iranzo se lucía estupendamente , la guapa y atractiva pasajera del galeón español (Isabel le propinaba al temido capitán una sonora bofetada que se escuchaba más allá de y dejaba perplejo al cruel filibustero y a alguno de sus hombres).

Isabel vestía lo mismito que la entonces legendaria cantatriz , especialmente en la película “Gloria Mairena”, ataviada con un traje de volantes espectacular confeccionado por el modisto Raula. Por su parte, Miguel, el protagonista principal de la soberbia epopeya, se burlaba de la muerte lanzándose desde la cofa del barco al mar, salto que los asombrados piratas contemplaban asomados a la borda.

El jovencito y temerario chicuelo nadaba entre dos aguas por debajo de la nave… y trepaba hacia su cubierta en menos que canta un gallo de corral y cuatro o cinco de granja. Rápidamente visitaba a los prisioneros e Isabel utilizando su ingenio, apropiándose de víveres para aguantar el “temporal “ ( queso y vino ) y enfadando, naturalmente a un Baco a punto de reventar tras enterarse que el quinceañero había puesto en su sitio al “Cuervo” y al “Raposo”, incondicionales del capitán enemigo.

Fuego, estocadas, disparos y el icono de la historia cogido a una larga soga cruzando como un bólido la cubierta del buque repartiendo puntapiés a sus atacantes. Pero la traición acechaba y el fantástico grumete recibía un golpe… y cincuenta azotes dados por el verdugo Bruno… que sucumbía gracias a la intervención de Fierro.

Eso no impedía que el trío de campanillas fuera encadenado en la sentina de la embarcación y que horas más tarde el barquito penetrara en el puerto de una isla complicada, conflictiva y dibujada excelentemente por el artista que realizaba a la vez la popular “Familia Pepe” compuesta por Pepe, Pepa y Pepito, currantes del semanario “Pulgarcito “ y con aventurillas tan divertidas y graciosas como las tituladas “El vivales”, “La sardina”, “La carta “ y “La familia Pepe va a la ópera “ ( Pepe, esposa e hijo colaborarían así mismo en “Magos del Lápiz”, “Magos de la Risa “ y “Superpulgarcito “ ).

Vuelvo con un “Cachorro” metido en uno de los seriales más importantes del tebeo español ( quiero añadir que el sobrenombre o apodo del paladín de los océanos se lo puso Baco en la tercera viñeta de la página séptima del primer cuadernito apaisado gritándole a pleno pulmón : ¡ Aborrecible “Cachorro”! ¡Condenado mocoso! ¡Voy a mandarte al infierno!… e Iranzo señalaba que así nació el nombre del personaje que con el andar de los tiempos se convertiría en el terror de los bucaneros). Es hora de despedirme con la firme promesa de tornar a vuestra vera con la entrada triunfal de Miguel, Luis e Isabel en la Isla Tortuga. Sed fieles y no faltéis ya que pasaré revista… ¡Hasta dentro de unos días, queridísimos lectores! .

Valeriano Belmonte