“El Cachorro” pasaba del número 1OO cuando , su creador y padre adoptivo, pensó que ya era tiempo más que suficiente para buscarles a Miguel y a su inseparable “Batán”, compañeras formales, novias, musas y esposas decididas a compartir lo bueno y lo malo con los populares héroes… y se puso a trabajar… mientras piratas del talante de Morgan, que realmente existió y llegó a convertirse en corsario, “El Gato”, “El Perro Rabioso”, “El Mulato” y “Los Tres Pelirrojos” hacían lo suyo, lo vuestro, lo mío y lo del vecino, es decir que no cesaban de asaltar barcos y ciudades y embolsarse cantidad de doblones. Las guapas, atractivas y agraciadas féminas se llamaban Margarita y “Bimba”.

La primera, una adolescente rubísima con larguísimas trenzas tan bien peinadas como las que lucía la inolvidable en “La Violetera”, sabía sonreír, suspirar… y temblar al contemplar las huestes del malvado Abú–Seif con ánimo de secuestrarla, “que para eso era la hija del corregidor Valcárcel” (a veces, Iranzo se confundía y la llamaba Isabel).

Margarita, dulce, candorosa y bondadosa no tenía las agallas de la intrépida “La Hija del ”, combativa, guerrera y tan brava como la mismísima “”, pero acariciaba y curaba de una herida de bala a la peleona monita del terrible “Zamarra” y el simio agradecido la protegía a capa y espada propinándole a su dueño una estocada de campanillas y dando la vida por la tierna y encantadora protectora, la cual, en su residencia de , pensaba constantemente en su apuesto y valeroso “Cachorro”. Y ahora os presento a “Bimba”, princesa africana de una tribu diezmada por negreros tan malévolos como Smith, maleante, ladino y embustero.

La joven logró huir de la matanza a lomos de su elefante “Moko”, inteligente animalito que sacaba más partido con su trompa que el tigre de “El Libro de la Selva”, enemigo acérrimo de “Mowgli”. “Bimba” liberaba a Miguel y a “Batán” de los vendedores de esclavos capitaneados por Smith, se hacía amigo de ellos y vivía aventura entre antropófagos pintarrajeados y escandalosos. La veinteañera bajo las aguas de ríos caudalosos, cayendo por cataratas impresionantes, durmiendo en hormigueros de termitas… y enamorando al “Batán” de sus entrañas. Margarita y “Bimba”, “Bimba” y Margarita, tanto monta, monta tanto, encandilando a los titanes de la soberbia colección allá por los penúltimos años cincuenta del siglo XX… y a muchísimos lectores. Y por esta, nada más amiguitos seguidores. La próxima semana volveré con el último episodio del invencible “Cachorro”… ¡Un abrazo!

Valeriano Belmonte