Queridos amigos, como hace tiempo que no les dedico ripios de mi sencilla cosecha a los personajes de las series de los tebeos de postguerra, me vais a permitir que incluya algunos en este episodio sexto de mi entrañable “Cachorro”. Comienzo pues: “, el joven grumete de la aventura de Iranzo, engrasó su gallardete y se trocó en el garbanzo… negro de tantos piratas que lanzaban mil bravatas mientras trotaban tras él. Pero el valiente doncel les daba esquina o esquinazo, movía con soltura el brazo… derecho y le decía a “Baco”…que era un auténtico “caco” de las aguas infectadas del Caribe peligroso en oscuritas jornadas… Y entre carrera y acoso junto a e conocía al “Búho” que tenía un tesoro… y sucumbía por la estocada de “El Gancho” en medio de un zafarrancho de primera división… y en el siguiente renglón vuelvo a la prosa narrando lo que ahora voy recordando”.

En su lecho de muerte, abrazado a su adorada “Paca”, águila y fiel compañera del infortunado aventurero, el “Búho” les contaba a nuestros protagonistas que antaño había sido un marino honrado con esposa e hija, desaparecida esta última en un naufragio, se unió a malas compañías, se hizo pirata y reunió cantidad de monedas de oro o doblones y joyas y buscó a su pequeña enterándose que una joven blanca vivía en una isla a la vera de los indios caribeños. Pensando que aquella fémina podía su hija recogió el tesoro y se dedicó a buscarla. Sin embargo el mar destrozó su frágil embarcación y tuvo que quedarse en el islote conocido… y agonizante les pidió a sus nuevos amigos la buscaran para que él pudiera morir tranquilo. Ella se llamaba , era pelirroja y muy hermosa y llevaba al cuello un medallón con el retrato de su progenitora.

El “Búho” tenía razón ya que en los cuadernillos posteriores, Luis, encontraban a “La Hija del ” ,es decir, a Elena, ejerciendo de reina y señora de los caribes y dispuesta a pelear a muerte con Miguel sobre el “pozo de las Serpientes”, al cual, caía la hermosísima y atractiva moza. Entonces “El Cachorro” se lanzaba en su ayuda y apoderándose de un cuchillo dejaba sin vida a los reptiles ganándose la admiración y el respeto de la bella salvaje.

Una y otros intercambiaban historias y Elena se despedía de los indios y embarcaba rumbo a después de una despedida emotiva y profunda (Abundantes lágrimas rodaban por las mejillas de Elena y de sus adorables caribeños, según el impagable y fabuloso Iranzo, dibujante y narrador sin medida). El cuarteto navegaba con buen viento, mar en calma y sin tropiezos con naves filibusteras hasta llegar a Maracaibo en el ejemplar número 16. En él conocíamos por vez primera a don , presente en la tercera ilustración, padre de Isabel y gobernador de la capital del estado de Zulia en la costa del mar de las Antillas. El Sr. Montero, hombre apuesto y bondadoso, tendría un papel importantísimo a lo largo de la extraordinaria serie.

Valeriano Belmonte