Las hazañas de Miguel “El Cachorro” corrían de boca en boca tanto en los cuadernos de la serie del gran como en todos los rincones de la España de la década de los cincuenta del pasado siglo. Aquí en nuestras papelerías miles de aficionados a la brillante epopeya brugueriana aplaudían al enterarse que el intrépido grumete ejercía de comandante de la armada hispano y asistía a la boda de sus amigos e acompañado por y el fiel y fortachón “Batán”, por cierto que Fierro y la hija del gobernador de Maracaibo compartían otra apasionante aventura a la vera del enemigo número uno de “Baco”, “El Olonés”, Pedro “El Picardo”, el “Gato Rabioso” y el perverso “Quasimodo” (posiblemente, Iranzo quiso ponerle ese nombrecito a este último influenciado por el personaje de que deslumbraba en “Esmeralda la zíngara”, “Notre Dame de París” y en diversas versiones cinematográficas en blanco y negro y color).

Para colmo de bienes, el excelente dibujante y guionista elaboraba planos y esquemas interesantísimos de situaciones, batallas, emplazamientos de barcos piratas y españoles, lugares donde aguardaban los tesoros enterrados y en fin una maravilla de creatividad, sapiencia y buen hacer, con abundantes dosis de misterio, ya que si en “El Pequeño Luchador” la rubia y exquisita Carolina se trocaba de la noche a la mañana en “la Furia de Manitú“, encapuchada y dispuesta a ayudar a Fred, Elena, e “Hija del Trueno” se vestía de varón enmascarado , conducía el “Barco sin nombre” y protegía a Miguel y a sus camaradas en instantes críticos.

No faltaban en los cotizados títulos cofres inquietantes, hormigas caníbales, leones tan fieros como los que tenía Motamid en “El Peñón Infernal” en los primeros ejemplares de “El Guerrero del Antifaz”, ni serpientes semejantes a las que se enfrentaban a “El Hombre de Piedra” y “Piel de Lobo”, ni iguanas gigantescas… ni amores para el jovencito que se hacía mayor sin aparentarlo, pero que pensaba en una novieta que llegaría como llovida del cielo… y para “Batán” porque si Isabel y Luis se amaban apasionadamente y Elena le daba el sí al almirante , Miguel y “Batán” tenían derecho a las caricias, besos y abrazos de dos féminas guapas, atractivas…y decentes ¡Faltaría más! especialmente en tiempos del “qué dirán, si te sales del chaflán”. De ellas os contaré cosillas en el siguiente episodio porque por hoy he cumplido… ¡Chao… y a vibrar con “El Cachorro“!

Valeriano Belmonte