Hay un dicho entre nosotros que reza de este modo: “Si hay que ir se va, ¿pero “mia que ir pa ná?”. Lo decimos cuando “ir” presumimos que es pérdida de tiempo. Y hay quienes lo usan cuando oyen hablar de ir a cambiar, incluso aquello por lo que no estuvieron en su día. ¡Si serán conservadores! Yo estoy por el cambio. Por él, al menos hasta el 96, acompañamos a desde el 82. Lo habíamos preparado desde el 75 e incluso desde antes, “por la libertad, la amnistía y el estatuto de autonomía”.

Gratos recuerdos de adolescencia juvenil. En aquel tiempo se fraguó el pacto. El cambio fue el pacto: Los de la Moncloa de 1977 y los Constitucionales de 1978. La adhesión a , 1986. Ha pasado tiempo para dos generaciones. Ahora de nuevo se reivindica cambiar el modelo y los modales socioeconómicos trastocados mundialmente a causa de la llamada “globalización”; cambiar Europa, porque se le han detectado trazas de anti europeísmo; en España abdica el Rey Borbón don Juan Carlos I, tras décadas de monarquía constitucional, con sus pompas y vanidades, incluidas debilidades de la carne, amores selváticos y defensas estentóreas de la patria (“por qué no te callas”, que le dijo al Presidente Chávez).

También se reivindica cambiar el preliminar constitucional 1.3 “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria” y por consiguiente el Título II “De la Corona” y también el Título VIII “de la organización territorial del Estado”. Y, ya que estamos, hacemos una nueva Constitución. Observo que hay augurios que entran por la izquierda, otros por la derecha, anunciándonos tiempos de turbulencias políticas. No será cambio: será ruptura. Cortes Constituyentes necesitamos, porque hay que reconstruir La Casa y también el “solar” donde se asienta. No se diga, pues, más: si se va, en este caso, no será pa ná. Si se ha de ir, se va.

Artículo de opinión de - Ex profesor de Filosofía