En especial, cuando llega la época estival y comienzan las Fiestas de los numerosos pueblos de nuestra provincia, comienzo a recorrer caminos y carreteras que me llevaran a cada uno de ellos, hasta los más escondidos.

Suelo colgar en twitter mis visitas y así poner un granito publicitario de nuestra tierra en todo el mundo.

Como es natural acudo a visitar a los vecinos de cada pueblo y aldea también durante sus fiestas como parte de mi trabajo. Sí, de trabajo, pero también con agrado. No es incompatible.

Siempre había disfrutado descubriendo los maravillosos rincones de nuestra comunidad y de nuestra provincia haciendo pequeñas escapadas con mi familia. Ahora, las visitas son de un día a lo sumo durante el fin de semana (mi trabajo no me permite mucho más) y sigo sorprendiéndome con su belleza y singularidad. Sin embargo, si bien es verdad que echo de menos compartir estos gratos momentos con mi familia, he encontrado un nuevo aliciente cuando la visita la realizo por trabajo: disfrutar de lo mejor que tiene un pueblo, sus gentes.

Hacer kilometros por la provincia de Albacete, de camino a cada pueblo, te permite reparar en la belleza del paisaje, en la variedad orográfica, aquí la mancha, allá la sierra y dónde menos te lo esperas las hoces del Jucar, los pantanos del Segura, los calares del Mundo, las llanuras de maizales o las extensiones de viñedos… y toda panorámica rematada con un pueblo, con una aldea. Cada uno con un encanto especial, que en Fiestas se duplica porque bulle la alegría del reencuentro de amigos y familias que vuelven a buscar el descanso a su lugar de origen.

Acudo como política, como Diputada a cumplir mi obligación, y me voy como una más del pueblo, satisfecha y contenta de haber compartido un buen rato con lugareños y foráneos. Hablamos de política, lógico, soy una de sus representantes nacionales en la provincia y ¡a mucha honra!. Cada cual aprovecha para contarme su problema o el de su hijo; el alcalde, el del pueblo y el cura, el de la iglesia; charlamos de la situación actual y, tengo que decir, que aprendo mucho de ellos y que escuchándolos están gran parte de las soluciones a los problemas del país.

Poner en marcha las posibles soluciones es algo más complicado que hablarlo, ya lo dice el refrán, -“del dicho al hecho hay un trecho”-, pero por algún sitio hay que empezar. Creo que este principio, el de escuchar y dialogar distendídamente para conocer las carencias y necesidades directamente de quienes las padecen y poner atención a sus ideas constructivas, es una de las mejores maneras de buscar “el inicio” de su solución.

En estos pequeños y breves encuentros espero haber sabido dar confianza y tranquilidad que es también parte de la solución. Por mi parte, estoy agradecida por el recibimiento de sus habitantes y solo espero ser capaz de dar tanto como recibo de quienes me han acogido por los pueblos de Albacete.

Artículo de opinión de Maravillas Falcón Dacal, diputada nacional del