En el principio fue la sociedad de socorros mutuos, con cajas de resistencia para los periodistas afiliados. Después, con el inicio del siglo XX, cobraron vida las asociaciones de la prensa que perduran hasta hoy. Hace medio siglo llegaron las Facultades de Ciencias de la Información y, junto a la acreditación laboral para formar parte de la respectiva asociación de la prensa, se le unió la de ser titulado. Todas las asociaciones han reflejado en los últimos tiempos esta dualidad de profesionales con y sin titulación. Pero ahora, se afronta el futuro con una nueva fórmula: la del colegio profesional. Y es aquí donde surge la polémica, pues se plantea que los colegios se nutran de licenciados en Periodismo pero también de quienes no lo sean. ¿Alguien se imagina un colegio profesional de médicos, abogados, arquitectos u otros que no exija el requisito de la titulación? ¿Por qué en un cabe el no titulado en Periodismo? ¿Para qué dar el paso de crear un colegio si no va a funcionar como los otros colegios?

Vuelta a empezar: después de más de tres décadas defendiendo que el periodismo es la práctica profesional de la ciencia de la comunicación, de la misma manera que la medicina es la praxis de la ciencia biológica; después de muchos años reivindicando la formación universitaria del periodista para combatir la deriva mercantil del negocio; después de casi una vida comprobando la urgencia diaria de preservar el derecho a una información digna y de calidad, parece que el debate sobre el derecho al ejercicio profesional sigue vigente. No hay más que mirar la polémica que se ha suscitado estos días con motivo de la enmienda planteada para que el nuevo Colegio de Periodistas de la Mancha acepte a los no titulados. Esto es, un colegio profesional que colegie sin el requisito de la titulación específica.

La consecuencia que se desprende de este planteamiento es obvia: si no hace falta la formación universitaria para ejercer el periodismo, ¿para qué una ? Y a la inversa, si cualquiera puede ser periodista, ¿para qué reclamar un colegio que regule tan “genérica y difusa” profesión? Conclusión, que es máxima del neo-liberalismo reinante: que cada cual se las apañe, que cada uno se busque la vida y aprenda a sobrevivir en su empresa, con lo que le digan, con lo que le paguen, con lo que le dicten y… volvamos al siglo XIX.

Hace unos años se podía entender que muchos profesionales de los medios no hubiesen pasado por las Facultades porque, sencillamente, o no existían o se encontraban en sus inicios. Pero hoy, cuando las Facultades de Periodismo dignifican el estatus de la profesión, le imponen criterios de calidad y una textura científica, reiterar el debate de si el periodista nace o se hace parece ocioso. Se hace, sí, se hace estudiando y ejerciendo, como el resto de oficios que requieren aprendizajes científicos.

Varias voces acreditadas señalan que con la que está cayendo en el sector, con periodistas registrando las cifras de paro más altas de la historia, lo que precisamos es justamente lo contrario, esto es, más organización, más regulación protectora y más formación. Así queremos entender la proliferación de colegios profesionales que se está produciendo en los últimos tiempos. Recordemos que, además del catalán y gallego, en apenas dos años han visto la luz los colegios de Castilla y , , y , estando en espera de bautismo legal, amén del de Castilla la Mancha, los de , y . Por tanto, se atisba un nuevo panorama organizativo que deberá conjugar la defensa de la práctica profesional con la reivindicación de una formación especializada, universitaria y con denominación de origen.

Este nuevo modelo organizativo de los periodistas españoles -insisto que creado en mitad del peor panorama profesional de la historia- no es una estructura sindical ni creo que pretenda suplantar el papel ejercido por las asociaciones de la prensa. Todo lo contrario. En estrecho correlato con la FAPE de cuyo seno surgen la mayor parte de las iniciativas, su rasgo distintivo lo expresaba , decana del Colegio de Periodistas de Castilla y León, con una precisión meridiana: el fin es velar por un periodismo de calidad, libre y al servicio de la sociedad en estrecha colaboración con las Facultades de Comunicación. De lo que se trata es que, para garantizar la supervivencia del periodismo, lo que hay que reivindicar es el periodismo de calidad, el que se aleja del todo a cien, el que exhibe con orgullo su cualificación como condición fundamental de un sistema político que aspire al calificativo de democrático.

Desde la Facultad de Periodismo de la Universidad de Castilla la Mancha, pedimos al nuevo Colegio de nuestra región que reivindiquemos juntos la dignidad de una profesión que, además de una titulación universitaria cada vez más especializada y adaptada a los nuevos tiempos, lo que necesita con urgencia es de una protección especial ante el mayor desafío jamás experimentado. Creemos que desproteger el periodismo –y al periodista- es abrir un agujero en la democracia por el que se puede colar desde la corrupción hasta el cinismo. Y de eso ya tenemos bastante.

Artículo de opinión de , Decano