Comenzaba el año con anhelos infinitos. Para la mayoría de los españoles se daba paso a otro tiempo que debía ser mejor; eso esperaban unas familias que no terminaban de despegar en lo que de comer tres veces al día se trataba. Muchos miles de antiguos combatientes, con las puertas oficiales cerradas, debieron emplearse en trabajos privados que no cumplían expectativas. Ya comenzaban los exilios laborales, mientras otros regresaban a España, lentamente, justificando que llevaban las manos limpias de sangre. Otros muchos, que figuraban marcados por sus atrocidades, regresarían cuando la amnistía general de la transición autorizó que lo hicieran. Las cuentas penales caducaron por el tiempo y las leyes; las consecuencias de tanta maldad, en cualquiera de las retaguardias, y hubo demasiadas, se obviaron o perdonaron, nunca quedaron en el olvido. Algunos intransigentes, ansiosos de venganza, buscan, aún, responsables en sus herederos, como si el odio quedara redactado en testamentos. Los que se mataron, en su momento, optaron por perdonarse, ahora, quienes se arrogan la autoridad de exigir una respuesta, etiquetan o estigmatizan a los que conservan sus apellidos o parentesco. Algunos historiadores han decidido denominar represalia a la justicia, sin detenerse en analizar cada caso. Hubo mucha venganza, que debería haber prescrito.

Los periódicos, todos los que se publicaban en España, reproducían el mensaje de fin de año pronunciado por el Jefe del Estado. Algunas frases de entonces cobran protagonismo sesenta y cuatro años después: “La unidad nacional base de nuestra acción política”. “ ha tenido que rendirse ante nuestra razón y la verdad española”. “Si es verdad que el desarme universal es un ideal, no es menos cierto que resulta desgraciadamente irrealizable”. “Hemos reivindicado la independencia de España”. “En política hay que vivir para el futuro”. Cualquier mandatario actual podría subscribir cada frase, porque son de Perogrullo, sin embargo, con arreglo a quién las pronuncie, los prejuicios determinarán su interpretación. se hacía eco de una ley aprobada por el senado belga que reducía a partir del uno de enero los haberes del profesorado de escuelas libres, es decir, católicas. Del Vaticano emanaba una frase lapidaria: “No existe en el sentido cristiano de la paz”. La producción industrial de España en 1954 había sido la máxima hasta esa fecha.

ABC relacionaba en un artículo el balance de los sucesos políticos más importantes del año 1954. Se había iniciado el año con una gran manifestación en reclamando que Gibraltar era español. Había sido depuesto el sultán de Marruecos y España denunció el golpe de Estado y la felonía francesa. Regresaron numerosos prisioneros españoles de la . En febrero llegó a España el primer envío de ayuda humanitaria desde Estados Unidos. Los ministros españoles habían efectuado numerosos viajes a países extranjeros. España era recibida con respeto y agrado en casi todo el mundo. Las visitas de mandatarios foráneos se prodigaban en España. Las relaciones internacionales permitían a España formar parte de las nuevas iniciativas europeas. Para el mundo occidental era fundamental el rearme alemán. La pugna entre Este y Oeste amenazaba con una respuesta atómica. Línea de se entretenía en explicar la enorme transformación urbana de la capital y anunciaba obras e infraestructuras en las pedanías y entorno de una ciudad en plena expansión. Desde (Ciudad Real), se informaba sobre la desgracia que afectaba al circo Holzmuller por falta de comida. Los animales morían de hambre. Se proyectaba en toda España la producción de , .

Los periódicos españoles, cada uno en su espacio de influencia, dedicaban varias páginas para hacer balance del año 1954. ABC decía que 1954 había resultado infeliz para Italia. La actividad política había producido innumerables escándalos. Mala administración pública y demagogia habían sumido al país en una tremenda crisis económica. Se hablaba en la prensa internacional de posibles relaciones diplomáticas entre y . Un informe decía que la criminalidad en se había reducido durante 1954. En Filipinas se autorizaba la celebración de corridas de toros. En Madrid, denunció un vecino de que había sufrido el timo del Tocomocho. En las intervenciones institucionales se repetía la idea de mejorar la justicia social. Se pretendía seguir reconstruyendo el patrimonio cultural, especialmente el religioso, pasto de las llamas y el odio derramado en muchos años de tragedia colectiva. Se hacía hincapié en la familia y el ideario católico, confesión oficial del estado. Se repetía insistentemente la idea de libertad, autoridad y soberanía. Como en nuestros tiempos, las palabras no siempre tienen mucho que ver con las obras, por eso seguimos reconociendo que nuestro refranero constituye la auténtica fuente de sabiduría donde emanan las palabras exactas que condicionan nuestros actos.

El uno de enero sirve como punto final del pasado adormilado abriendo camino a un futuro, desperezándose, con la sana intención de avanzar más deprisa. A pesar de que hay dos versiones en la historia, nadie cuestiona la progresión social y económica de una España destrozada por la sinrazón. Ahora, cuando hemos dado el testigo al 2019, seguimos conteniendo las amenazas del odio. Enero 2019.