Aunque con cierta discreción para no ofertar opiniones, también tuvo la oportunidad de conocer la respuesta de los vencedores, que llegaron con energía y crueldad para retribuir conductas miserables o no. En esa terrible dinámica de impartir justicia civil o militar se verían sentencias desproporcionadas sobre personas anodinas, poco significadas, que debieron dar cuenta de rencillas amasada durante casi tres años de guerra en una retaguardia podrida por los de siempre, criminales que aprovecharon la impunidad para enseñorearse de todo avasallando a los menos fuertes y eliminando a quienes podían representar lo que tanto odiaban.

Como después se comprobó, aparecieron los que se apropiaron de todo, enemigos o no, porque muchos cartageneros, absolutamente inocentes, debieron pagar con su vida o libertad las atrocidades ajenas, y esos verdaderos culpables escaparon o se escondieron detrás de unas siglas o identidades nuevas, bañadas en sangre o empanadas de dignidad, vestidas de ropa con diversos colores, soflamas mentirosas y eslóganes para disimular miserias. Y no debemos ignorar la responsabilidad que debieron asumir todos aquellos que protagonizaron verdaderas carnicerías, entre otras las de los dos barcos prisión, el vapor España número 3 y el valor Sil.

Probablemente habría testigos vivos de semejantes atrocidades o, como siempre sucede en estos episodios, la delación supondría un elemento fundamental para pedir cuentas en sedes judiciales, tanto civiles como militares porque, como también suele ocurrir, y así fue también en , la represalia directa o la venganza masticada con tiempo produce respuestas injustas, emocionalmente justificadas, como otras perversas, que la confusión de unos días pudo provocar. En todo caso, las nuevas autoridades trataron de frenar el seguro reguero de sangre, abierto en pocas horas, para orientar las conductas hacia un procedimiento judicial, con todos los peros que pudieran ofrecerse. José Pastor sabía de todo eso, porque lo vivió y sufrió desgarradoramente. En contadas ocasiones, cuando la melancolía, empapada en triste soledad, le avasallaba sus minutos, no podía reprimir el deseo de haber muerto antes, para así evitar tanta desgracia y dolor, que se sumaba a aquellos síntomas perniciosos de varias enfermedades crónicas que ya no podría postergar.

Entre abril de 1939 y mediados de 1945, la represión no permitió recuperar la calma en una ciudad legendaria, cargada de historias y muerte. Los miembros relevantes del régimen, hasta ese momento imperante, se cuidaron de escapar a tiempo, pero otros muchos, con menos medios, debieron enfrentarse a sus años de atrás, cuando ordenaban o actuaban en nombre de otras banderas, siglas y sentimientos. Y lo peor no era estar inscrito en una relación de intereses o afinidades, sino tener las manos manchadas de sangre. Unos y otros, con mayor o menor justificación legal o moral, no tuvieron más que responder con lo que pudieran pagar. Y en esos momentos trágicos se volvía a precisar excusas, avales, testigos, fobias o filias, que fueron determinantes.

Si una medalla de la Virgen de la Caridad suponía un problema, el haber militado en un sindicato, incluso como coartada para vivir, estaba siendo valorado igual de injustamente. Dimes y diretes de personas interesadas en ayudar o destruir. Muchos quedaron, desvalidos, en manos de sus peores enemigos y, en cierto modo, abandonados por sus amigos, incluso familiares, por temor a las consecuencias, como había ocurrió en los tres años precedentes, aunque con otros justicieros o delatores, vestidos distinto y bajo la sombra alargada de diferentes logotipos y canciones.

A finales de marzo de 1939 los últimos que pudieron huir desde zarparon en el Stamboock, con destino a . El resto, cerca de catorce mil, bastantes llegados desde Cartagena, se quedaron allí. Unos quinientos, porque lo decidieron así, para siempre. La ocupación franquista de Cartagena fue relativamente sencilla, sin resistencia, pues y el frente se derrumbaron rápidamente. Los combatientes republicanos abandonaron las trincheras y se fueron a casa, donde serían localizados y juzgados, los que tuvieron mejor fortuna, al menos transitoriamente. Otros muchos, cuando lo decidieron sus asesinos, murieron en las cunetas, cementerios y rincones de sus pueblos. Los hubo que fueron férreos protectores de sus vecinos cuando los criminales de su bando trataron de ajusticiarlos. Sin embargo, después, cuando cambiaron las tornas, nadie habló por ellos y fueron eliminados debido a su ideología, haber ostentado cargo relacionado con la política o el simple odio acumulado de sus oponentes.

Un superviviente del Castillo de Olite fue nombrado nuevo jefe de la Base Naval. El 31 de marzo entraron las tropas de ocupación en Cartagena, que se hicieron cargo de todas las instalaciones militares y civiles. Inmediatamente, los responsables militares trataron de impedir las ejecuciones, nombrado tribunales para tramitar los sumarios y seguir el procedimiento, al menos con la legalidad de los que vencen en una guerra. De ese modo se frenó la caza y venganza entre vecinos. Se nombraron los responsables de las instituciones civiles, bajo la tutela poderosa de la .

En el verano de 1939, en un pacto secreto, Hitler y Stalin se repartieron las tres repúblicas bálticas y . El uno de septiembre de 1939 invadió . Inglaterra y , como habían anunciado, declararon la guerra a Alemania. Se inició la II Guerra Mundial. , paradójicamente, en estos primeros compases, colaboró con Alemania en la campaña bélica sobre . En la guerra civil española se probaron armas, técnicas, tácticas y estrategias para afrontar con solvencia las pretensiones de una maquinaría militar muy poderosa. Los bombardeos sobre núcleos habitados supusieron una macabra experimentación desarrollada sobre territorio español, que más tarde, con absoluta y cruel eficacia, se repitió en la guerra mundial que se iniciaba, justo después de terminar la civil española. Hasta 1942 la ofensiva generalizada de Alemania, con el apoyo de y , fue imparable.

En el año 1940, como consecuencia de las medidas de respuesta de los nuevos rectores civiles y militares de la ciudad, fueron detenidos y encarcelados alrededor de dos mil personas en Cartagena, lo que obligaba a la ampliación de instalaciones penitenciarias. Manuel Vidal Alcaraz tuvo notoriedad en su labor de búsqueda, identificación y detención de los nuevos rebeldes. La Falange asumió un enorme protagonismo en sus funciones de inteligencia e investigación dentro de las nuevas autoridades policiales. Los consejos de guerra se sucedían con gran eficiencia y eficacia. Los procesados por los acontecimientos del vapor España número tres fueron condenados a 153 penas de muerte, tantas como asesinados.

Entre el 29 de abril de 1939 y el 13 de enero de 1945 fueron fusilados 176 presos. Las causas civiles de Cartagena se dilucidaron en el Tribunal Regional de . A finales de 1945 se dictó un indulto general para todos los condenados por rebelión militar. Miembros del permanecieron escondidos en la ciudad, donde fundaron una emisora de radio. Uno de sus militantes, Alfonso Martínez Peña, con otros, fue juzgado y condenado a la pena de muerte, que se cumplió el 13 de enero 1945. Junto a él fue fusilado un chico de 19 años, llamado . De ese modo se cerraba el periodo más cruento de la posguerra.

En abril de 1940 Alemania invadió y . Entre mayo y junio los alemanes ocuparon , y Francia, y empujaron al ejército británico para reembarcarse en Dunquerke. Alemania imprimía derrota tras derrota a los demás territorios europeos. Entre julio y septiembre la aviación alemana atacó Inglaterra, pero los aviones aliados consiguieron frenar la esperada invasión de la isla. En abril de 1941 alemanes e italianos invadieron Yugoslavia y . En junio los alemanes invadieron Rusia buscando ocupar pronto , Leningrado y . Esta agresión unió a Inglaterra con los rusos. En agosto los americanos iniciaron su ayuda económica a Inglaterra.

En diciembre de 1940 se desarrolló la batalla de Moscú. En esas fechas los japoneses atacaron Pearl Harbor provocando un descalabro importante a la flota americana. En 1942 tomaron la iniciativa los aliados por contar con mayor capacidad productiva ocasionando un gran desgaste en la resistencia del Eje. En junio de 1942 los americanos causaron enormes pérdidas a la flota japonesa. En julio los alemanes fracasaron en el intento de ocupar el Canal de y se vieron obligados a retroceder en el . Entre el verano y el otoño los alemanes reprodujeron la ofensiva en Rusia para apoderarse del petróleo, pero fueron derrotados en Stalingrado y comenzaron a retroceder. A comienzos de 1943 los alemanes e italianos fueron expulsados del Norte de África. Los aliados desembarcaron en Italia. Rusia inició una gran ofensiva y se iniciaron los bombardeos masivos de los aliados sobre ciudades alemanas. En noviembre se decide que los dos bloques aliados se apropiarán del territorio que consigan ocupar.

En 1944 los alemanes se encuentran luchando en tres frentes. En junio se produce el desembarco de Normandía. En diciembre se produjo la última contraofensiva alemana. En mayo de 1945 los aliados occidentales, más lentos, dan ventaja a la ocupación rusa, que conquista . Hitler se suicida y los nazis ofrecen su rendición para dar por finalizada la guerra en , pues en , frente a los japoneses, aún continuará.

El gobierno de la República Española se exilió a , y , donde permaneció hasta 1946, cuando regresó a París. permaneció como Presidente hasta 1945. El Jefe de Gobierno, durante el mismo periodo, fue . Dos años después, el gobierno, presidido por republicanos de centro, fue abandonado por socialistas y comunistas.

Artículo de Roldán de la serie “Memoria para perdonar” - Comisario Jefe de la en la provincia de Albacete