Han pasado solamente veinte años desde su colocación, pero parece que lleva toda la vida entre nosotros, como un viandante más, como un entrañable vecino al que saludamos cada mañana al pasar por el Altozano. Observador perenne del latido de este Albacete dinámico del siglo XXI, ‘El Cuchillero’, nuestro cuchillero, obra escultórica de y , está hoy de cumpleaños. Su gallardo ademán es el reflejo en bronce del orgullo que todos los albaceteños sentimos por una tradición tan emblemática, tan íntimamente ligada a nuestra historia, como es la cuchillería.

La genial escultura, ubicada en pleno corazón de la ciudad, representa el reconocimiento, el afecto, la admiración y el respeto que la sociedad albaceteña profesa por tantos y tantos artesanos y empresarios de la cuchillería que a través de los siglos han forjado la punta de lanza de nuestra industria y nuestro comercio. La cuchillería ha sido históricamente vanguardia del desarrollo económico y laboral de nuestra ciudad, y es de justicia reconocerlo cada día, más aún cuando, como hoy, la efeméride nos lo pone en bandeja.

Pero la cuchillería de Albacete no solo es entrañable historia, sino brioso presente e ilusionante futuro. Sólidos referentes del sector cuchillero de España, nuestros artesanos y empresarios se enfrentan con paso firme a la conquista del mercado internacional, con la marca Albacete por bandera, peleando en lo más alto por la justa valoración de un producto de primerísima categoría, de calidad más que contrastada, frente a imitaciones de escaso valor. Por eso debemos reivindicar la marca de autenticidad de la Cuchillería de Albacete como garantía de calidad. Como sinónimo de un prestigio indiscutible.

La pujanza de la industria cuchillera albaceteña es un ejemplo para toda nuestra sociedad, un modelo a seguir por cuanto ha sabido adaptarse con extraordinario acierto a las exigencias de los nuevos tiempos, crecer y expandirse, abrirse al futuro sin olvidar las esencias de su valiosísima tradición. La cuchillería albaceteña ha superado el peligroso filo de la crisis económica con trabajo, determinación y valentía. Con ambición, apostando por la innovación, por la modernización, hasta llegar a los niveles de excelencia en los que se encuentra a día de hoy. Nuestro querido cuchillero de bronce —y nosotros con él— puede estar francamente tranquilo desde su pedestal de la plaza del Altozano: su legado está en las mejores manos.