Cuánta humildad nos dejas, amigo , torero; cuántos momentos vividos a tu lado; cuánta sabiduría taurina en tu vocabulario; qué conocimiento del templar y mandar en el albero; cuántas veces en tantos eventos; qué embrujo con la capa… cuantos tantos de tantos y tantos podríamos contar del torero de Albacete. Damaso que no Dámaso, lo llamaban algunos. Qué más da, siempre respondía con una sonrisa, un gesto amable y unas palabras de cariño.

Te das cuenta, torero, de que nos has dejado hechos polvo a todos los que te conocíamos. Por qué te has ido así, casi tan de repente… sin despedirte. ¡Nos debes una desde el , que no se te olvide!

Los que tuvimos la suerte de verte torear una y mil veces nunca olvidaremos tu sitio delante de los toros. Ese temple, ese dominio de los terrenos; ese embrujo al que, quizás sin quererlo, sometías a los bravos que te tocaban en suerte.

Más de una vez me dijiste que si la suerte de la espada hubiera ido más acorde con el resto de las suertes te habrías salido del escalafón. Lo decías medio en broma, medio en serio, el caso es que matabas los toros con el “corazón” y el “alma”, esa misma alma que ponías en todo lo que hacías. Porque tú no tenías medias tintas, eras un compañero y amigo de verdad, de lo que ya no hay. ¡Un tio con “dos cojones”!

Cuántas veces me dijiste el reunirnos todos los miembros del en tu finca a pasar un día juntos, y cuánto me va a pesar no haber podido reunir el tiempo para haber organizado esa reunión. Dejamos siempre las cosas para después, sin saber que el después puede ser que no llegue nunca…

El caso es que te has ido en tu mejor momento (uno no se puede ir de este mundo con 68 años), además a quién le has pedido permiso para irte; así no se van los amigos. Bueno, te lo perdonamos, pero solo por esta vez. Tu mujer, tus hijos, tu familia entera pueden estar orgullosos de tu legado, de tu forma de ser: Honradez, humildad, sencillez, espontaneidad… no habría calificativos para poner en valor tu valía como torero y, de manera especial, como ser humano.

Albacete no te está despidiendo hoy, ni lo hará mañana cuando des la última vuelta al ruedo a tu plaza de toros de Albacete (La Chata), la ciudad que te vio nacer lo que te está diciendo estos días es que no te vamos a olvidar jamás, que serás por siempre eterno, esencial, imprescindible… imposible de sustituir.

Torero te dejo, de momento, solo de momento.

Luego volveré… hasta pronto.