Alta, generosa en carnes, avanzada para la época, bulliciosa, diferente de todas las féminas de la Editorial Bruguera, exceptuando a la gordita Hermenegilda, “Deliranta Rococó“, la chica de Martz Schimidt, alias Gustavo Martínez Gómez, el genial dibujante, pintor y escenógrafo teatral que merece sendos capítulos y muchos homenajes y reconocimientos, no pasó desapercibida por los amantes de la historieta de humor a partir de 1986, fecha de su nacimiento cuando nuestro actual , entonces Príncipe de , cumplía dieciocho años y juraba la Constitución ante su padre y las más altas autoridades de la nación en una ceremonia celebrada en el .

Aquel año se casaban los duques de , Andrés y Sarah Ferguson y moría Pepe Da Rosa, el conocido actor cómico sevillano y brillaban las inolvidables y Rocío Dúrcal. Pero vamos con la cuarentona rica, revoltosa, caprichosa y exigente “Deliranta” que triunfaba y enriquecía álbumes y páginas de “Bruguelandia“ al lado de su “menordomo“ Braulio (para ella los mayordomos tenían que tener la estatura oficial y su fiel “lacayo” podía compararse con cualquiera de los enanitos de la dulce “Blancanieves“) y andaba a la busca y captura de galanes que la pretendían más por sus caudales que por sus encantos, recurriendo en ocasiones, a pitonisos con bola para conocer a fondo un futuro más oscuro que el de la coplilla de don en la memorable cinta “Esa voz es una mina“.

La Rococó disfrutaba en sus regias mansiones, viajaba a Venecia y suspiraba en las góndolas deseando ardientemente parecerse a las bellezas de papá Schmidt, ligeras de ropa e incluso desprovistas de ella. También iba de “” a su propio coto, en el cual destacaba un letrero que decía que los furtivos, sobre todo si eran plebeyos, deberían abstenerse y así la eterna enamorada utilizaba una caracola dispuesta a atraer a los patos ( uno de los cazadores invitados se confundía y le lanzaba plomo a granel gritando ¡Caza mayor!

“Deli “ disparaba hacia arriba al ver una bandada de patos silvestres… y enseguida caía en picado un helicóptero conducido por un piloto de pruebas que exigía la debida indemnización. Arroyos profundos y el “jeep “ importado de Japón , propiedad del aristócrata “Aris” por los suelos y por la culpa, culpita de “Deliranta” ¡ Faltaría más!. “Deliranta” deliraba por los otoñales distinguidos que la piropeaban constantemente (“Don Amaranto” la miraba y le espetaba que estaba más delgada y parecía más joven con el fin de instalarse en su palacete, atiborrarse de tostadas con caviar y dormir a la pata la llana catorce horas al día) “Deliranta“ nos dejó allá por 1998 y se fue al “Paraíso de los Tebeos “ con su adorado Progenitor, pero sus célebres hazañas siguen vivas en las reediciones de las joyas bruguerianas que no morirán jamás.

Valeriano Belmonte