Llevamos casi siete años de crisis económica y no vemos la luz al final del túnel. Los jóvenes observamos con atención y a la vez con rabia, como muchos de nuestros sueños de adolescentes se han venido abajo.

Sueños que nos hacían pensar en trabajar, poder independizarnos y sobre todo luchar por un futuro mejor que el de nuestros padres en nuestro país. Ya no hablamos ni de tener que vivir una vida digna, donde se nos garanticen unos derechos que nos hagan a todos más iguales. Sueños rotos por un que no cree en nosotros, que nos vende al mejor postor y, lo peor de todo, que nos destierra.

El desempleo afecta a más del 60 % de los jóvenes y sentimos como somos abandonados a nuestra suerte. El no es capaz de generar ilusión y confianza entre los que resistimos y no hemos caído todavía en las garras de la denominada “movilidad exterior”. Los jóvenes que nos quedamos, a veces por responsabilidad y otras veces por falta de medios en nuestras ciudades o en nuestros pueblos y porque queremos luchar por cambiar esta realidad que nos ahoga.

En estos momentos, los pocos que consiguen encontrar una oportunidad en nuestro país es a costa de la explotación. Han llegado los esperados “mini Jobs”: pocas horas, menos salario y casi ningún derecho. Instaurados en un sueldo mínimo de 645 euros, poco podemos esperar. De los que prometían “Si buscan empleo, vota PP”, pocos quedan. Una reforma laboral que termina con los convenios colectivos, que favorece el despido libre y que no garantiza la estabilidad. Uno de los ejemplos más vergonzantes en el de . Que quiere despedir a miles de trabajadores, y que sepamos esta multinacional no está en quiebra. Reforma que utilizan los empresarios para despedir empleados sin justificaciones algunas. Una reforma que favorece al empresario y condena el trabajador.

Y, la verdad, nos sentimos engañados y, en muchas de las ocasiones, estafados. Viendo la crisis en perspectiva descubrimos que si no hubiera tenido lugar, los neoliberales la hubieran inventado.

Un gobierno que nos sube los impuestos, que permite que los bancos ganen más dinero, amnistía fiscal para los que defraudan, paraísos fiscales para los ricos, que los señoritos corten caminos públicos, que los colegios privados reciban más subvenciones, que nos intenta tapar la boca, que decide por las mujeres, que pone cuchillas en , que quita las ayudas a los dependientes, que cierra colegios, ayudas al transporte escolar, que coloca a los compañeros de partido en las eléctricas… Es un gobierno que no se merece la confianza de nadie.

Y ante esta realidad, los jóvenes NO somos el futuro que los mayores nos pronostican. Nos preocupa lo que vemos hoy a nuestro alrededor y queremos ser en el presente y los responsables de cambiar todo aquello que es injusto.

Vemos el desmantelamiento de la Sanidad que creíamos universal. Sobre todo en Castilla-La Mancha, comprobamos como para una simple intervención quirúrgica te vuelven a trasladar a (como nos cuentan nuestros padres que sucedía hace décadas) pero ahora teniendo a los mejores profesionales en la región.

Soportamos estoicamente a unos gobernantes que defienden en sus discursos la educación pública mientras eligen para sus hijos colegios privados religiosos y, en el peor de los casos, en centros vinculados al Opus Dei que financian con dinero público; mientras cierran colegios rurales en nuestros pueblos.

Nos levantamos todos los días conociendo un nuevo caso de corrupción a través de los medios de comunicación, ¡injusticias de la vida! Unos pocos “arriman el ascua a su sardina” mientras otros muchos no sabemos qué hacer con nuestras vidas.

Ahora Cospedal hipoteca nuestro futuro vendiendo el agua de Castilla-La Mancha a sus compañeros de partido de y . Quedan claros sus objetivos de medrar dentro del PP, muy por encima de defender los intereses de una tierra que nada le importa.

La Constitución “nos garantiza una vivienda digna” pero de ese derecho se ha beneficiado todo el mundo menos los que realmente lo necesitaban. Hoy vivimos el drama de los desahucios cada día. Como miles de personas son desalojadas de sus casas sin que importe sus condiciones económicas, o sus vidas personales. Parece que ese derecho fue establecido para que los bancos, los promotores o las constructoras ganaran miles de millones a nuestra costa.

Muchos son los problemas que nos preocupan o las informaciones que nos tiene en vilo cada día. Y yo me pregunto, ¿qué será de nosotros? ¿Seguiremos mirando de brazos de cruzados como miles de compatriotas abandonan por falta de oportunidades, como miles de compañeros de sueños se van a buscar un futuro que les permita ser libres e independientes?

Los jóvenes no queremos caer en el destierro al que nos condenan nuestros gobernantes, queremos tomar decisiones y poder cambiar nuestras vidas. Creo sinceramente, que muchos de ellos no saben el esfuerzo que hacemos cada día. Unos antes y otros ahora por conseguir tener las mismas oportunidades.