Este viernes, 27 de Noviembre, celebramos el Día de la Enseñanza en Castilla-La Mancha: es el momento oportuno para reconocer el esfuerzo que docentes, estudiantes, la administración educativa en su más amplia dimensión –centros, equipos directos, personal de administración y servicios-, nuestras instituciones gubernamentales –especialmente ayuntamientos− y entidades sociales, disponen diariamente en la construcción de un proyecto común, formando al sector más valioso de cualquier sociedad consciente de su futuro: nuestra infancia y nuestra juventud.

La educación constituye una tarea irrenunciable, necesaria para la creación del espíritu crítico y exigente que vele, frente a los abusos de toda naturaleza. por la preservación de los derechos individuales y colectivos. Una sociedad que reconoce el valor de todos los agentes que participan en la enseñanza defiende el respeto por todos y cada uno de sus miembros; la tolerancia, la cooperación, el ejercicio de la curiosidad y de la autocrítica en el camino del saber; la construcción de una convivencia dentro de la diversidad, y, en definitiva, la trenza que mantiene los lazos imprescindibles de solidaridad y empatía que los todos los ciudadanos del siglo XXI debemos compartir.

El reconocimiento que hoy la región, a través de su gobierno, realiza en el Centro Municipal Integrado Eduardo Guitián de Guadalajara, a la labor de nuestros estudiantes y de cuantos compañeros han dedicado su carrera profesional desde lugares diversos a mejorar nuestra realidad educativa constituye un extraordinario aliciente y una llamada de ánimo para continuar en esta labor difícil y al mismo tiempo feliz e ilusionante. El ejemplo de cuantos hoy son reconocidos nos devuelve, como un espejo social, una imagen de virtudes, tenacidad y constancia necesarios para seguir, pese a los obstáculos del camino, trabajando sin descanso en la actividad por excelencia que nos rinde especiales como especie: la transmisión de saberes y valores que conforman nuestro patrimonio histórico, ético, estético y social.

Maestros y profesores cuidan día a día de nuestros hijos: por ello es necesario mantener abiertos y fluidos los cauces dispuestos para la co-educación, donde las distintas instituciones y las familias compartan un diálogo enriquecedor y responsable, asumiendo el mutuo compromiso de consolidar un sistema donde nuestros hijos adquieran, en un ambiente feliz, las habilidades y competencias no ya que requiere un sistema productivo y laboral específico, sino una sociedad sensible y más justa. Desde las escuelas de Infantil, la enseñanza de las ciencias y las humanidades en colegios e institutos; la enseñanza de idiomas, las escuelas de artes, los conservatorios y escuelas de música y danza o los centros de Educación de Personas Adultas, hasta la propia universidad a la que pertenezco y cuyas raíces deben hundirse en las etapas educativas previas, todos debemos esforzarnos en una cooperación transversal y de modo que la fortaleza de estos vínculos sostengan una enseñanza inclusiva, comprensiva, interdisciplinar y, en definitiva, integral y globalizada.

Son muchos los retos que nos quedan por delante, desde incentivar, facilitar y posibilitar tanto la formación del profesorado; desarrollar acciones de educación continua para adultos dentro del programa Lifelong Learning definido por la Comisión Europea, hasta potenciar la escuela como herramienta de integración y eficaz instrumento de lucha contra la exclusión económica y social. Sin duda progresaremos en estos objetivos si somos capaces de reunir en esta responsabilidad, tal y como sucede en algunos modelos de escuela europeos, todos los recursos que merece sobre un gran acuerdo por su estabilidad y desarrollo. Nuestros centros educativos y sus patios de recreo son, gracias a la excelente labor de sus profesionales, espacios de ejemplo para los mayores, donde nuestros más jóvenes desarrollan y demuestran competencias y habilidades sociales que en ocasiones lamentamos ausentes en la vida adulta. Por esta razón hoy, más que nunca, todos somos escuela y nos sumamos al reconocimiento no ya de una labor, sino de una forma de ser y de estar en la vida al servicio del noble oficio de la enseñanza.

Artículo de Francisco José Quiles Flor - Catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores-UCLM