El día cuatro de marzo de 1954 no aparece señalado en las efemérides donde se relacionan acontecimientos de interés. No supone una fecha especialmente relevante, sin embargo, para el que escribe, fue el día en que nació.

Hora hábil, sobre las ocho de la mañana, en (), aguantaba el envite, auxiliada por Carmen, la casera, y Don Cástulo, el médico para cualquier cosa que pudiera precisar de un experto en todo. Alumbró en un primer piso que formaba parte de una casa más grande.

Estaba en la calle de La Estación, paralela a la vía del tren. La puerta principal situada en una especie de callejón para cuatro casas, que terminaba en una tapia junto a las vías. Ese espacio requería salvar dos o tres escalones para bajar.

La otra puerta de la casa, que daba a la calle Estación, accedía al patio y a una especie de tienda para la venta de aceite; la tata Carmen, que así la llamamos todos desde que supimos hablar, se dedicaba a vender aceite y conejos, pues tenía numerosos jaulas donde criarlos. Hasta Ascensión, que supo de las ventajas, instaló alguna en la terraza.

Desde ese patio, donde había un acceso a la vivienda del bajo, subía una escalera de madera para llegar al piso. La casa donde nací tenía otra puerta a la misma calle; se subía por una escalera muy vertical hasta la vivienda del primer piso. Muchos años después, cuando regresamos a comprobar el lugar de nuestro origen, ya nada existía.

Casi seis años vivimos allí. En ese lugar nacieron mis hermanos Ángel y . Muy pequeño, un bebé, enfermé para tener que superar lo que llamaban un mal de ojo. Más tarde, cuando andaba y hablaba por los codos, sorbí lejía que había en un vaso de agua; semejante hazaña pudo causar destrozos irreparables, pero el aceite de oliva, ingerido con profusión lo impidió. Probé el cabello de ángel mientras se hacía y conviví con niños de los que no recuerdo absolutamente nada. Frente a la estación existía un bar, al que se accedía subiendo algún escalón. Con cinco años caí sobre uno de ellos golpeándome el codo, que precisó una pétrea escayola, donde dibujaron todos los que quisieron. En una pequeña esquina, sobre una losa, quemábamos azufre para comprobar la deflagración apestosa que producía.

Los trenes se hacían notar con estruendo, porque el piso primero temblaba a su paso. La chimenea, sobre el tejado que limitada la pequeña terraza, se rompió y no arrastró a mi madre de casualidad. Tengo en la memoria un conejo enorme, blanco, de ojos claros, que desapareció y nunca lo encontramos. Lógicamente, y de eso se encargaría nuestra madre, terminó cocinado convenientemente. La cocina formaba parte de la salita de estar, hasta donde llegaba la escalera de la calle; el recuerdo la dibuja muy estrecha, larga y empinada. En la fachada de la calle existían dos habitaciones.

Un día, como consecuencia de alguna travesura, mi padre, enfurecido, lanzó un juguete al tejado de una nave que había en la acera derecha, a muy poca distancia. Desde esa ventana, o desde la puerta del patio, solía ver pasar cuerdas de presos o caballos corriendo para viajar en el tren. Una foto lejana dejaba contemplar al niño de cinco años, con su babi de rayas grises caminando a la escuela. Pero nos hemos perdido en el tiempo que sucedió después. Estamos en el cuatro de marzo de 1954, jueves. Esa mañana, en , se celebró una multitudinaria manifestación de júbilo para agradecer la llegada de los regadíos a sus campos. Se anunciaba el primer Viacrucis de Cuaresma, desde la Catedral, sólo para hombres.

Argentina protestaba por la ocupación inglesa de Las Malvinas. Un grupo de médicos, en , experimentaban con energía atómica y anunciaban que curaría el cáncer. La flota petrolera española se vería aumentada considerablemente. En el teatro Fuencarral de Madrid se estrenada Una cana al aire, con Zori, y Codeso, el trío cómico de moda. Un artículo de se remontaba a un siglo antes para explicar cómo se decidió ampliar la Puerta del Sol y hacerla digna de una gran capital como . Ese regreso al 1854 nos decía que el cólera hizo estragos en . Y en ese año lejano, por cierto, un cuatro de marzo, también nevó en . En esa fecha de 1954 se estaba celebrando una asamblea de delegados de educación nacional.

En , el general China, dirigente de las guerrillas insurgentes de Kenya, llamadas Mau Mau, detenido dos meses antes por las tropas inglesas, se libraba de la muerte al conmutarla por cadena perpetua. Los kikuyos se rebelaron en 1952 contra la potencia colonial inglesa y mantenían una guerra cruenta. En (Venezuela), se celebró la X Conferencia Interamericana, donde estaban representados veinte países. El delegado peruano reclamaba la subida del poder adquisitivo de los habitantes americanos para impedir el ascenso del comunismo en la zona.

Se enfatizaba sobre la necesidad de resolver las controversias con soluciones pacíficas y mantener una economía estable. Buenas intenciones que no llevaron a ninguna parte, como ahora, donde la confrontación se mantiene en plena refriega con regímenes comunistas, que han dejado constancia de su fracaso. No se puede evitar mirar hacia atrás para explicar la tremenda injusticia social que era lo que imperaba sobre las buenas intenciones y cotidianas falacias de los políticos corruptos.

El consumo de petróleo en España se había disparado en los últimos años. Se publicaban las nuevas tablas salariales de las Fuerzas Armadas, donde se incluía a la Guardia Civil y . La noche del cuatro, en Alcantarilla, el autor de estos renglones habría terminado de mamar la última toma del día. Ascensión superó la primera jornada con la fortaleza propia de una gran mujer. Noviembre 2018.