” es uno de los personajes menos conocidos del maestro , el supremo creador de “Las Hermanas Gilda” y “Anacleto”, pero que, no obstante, aportó su granito, gracia y buen hacer en el “Gran Pulgarcito”, revista a tamaño mayor que las corrientes a partir de 1969 cuando España presentaba el Festival de Eurovisión conducido por la entonces pizpireta , competente y deliciosa y catapultaba a la fama a “Sálomé” que compartió el primer premio de interpretación junto a Francia, Reino Unido y Holanda ( el “Vivo cantando” lo cantamos todos los funcionarios de Correos y Telégrafos en aquella primavera).

Poco antes de la gala, el que esto escribe había estado currando en comisión de servicio en Sax, el pueblo alicantino de las persianas al lado de mis imborrables encargados Gaspar Antolín y Josefina… y mercando en las papelerías la citada revista cuya espléndida portada corrió a cargo del afable protagonista de esta semana.

En ella brillaba “Don Polillo”, el señor bajito con larguísimos bigotes que le tapaban la cara dejando ver una soberbia nariz que contrastaba con el sombrero de ala ancha oscuro, la bufanda encarnada, el trajecito negro como la noche sin Luna ni estrellas y el bastón prodigioso que utilizaba posiblemente porque los años no pasaban en balde y el caballero setentón padecía probablemente de artrosis, lumbalgias, problemas de cadera y se resfriaba a menudo.

El abuelito de marras intentaba ayudar al prójimo y se metía en berenjenales de órdago, abrigo, pelliza y chaquetón rebajados. Os cuento una de sus aventurillas que se iniciaba durante la caminata del “superhéroe” pensionista tras dibujar su nombre en la pared de un edificio ubicado en las afueras y comentar que, en sus buenos tiempos, la tiza era mejor.

Un grito riquísimo en decibelios se extendía a la orillita de un río… y un bañista extranjero que no sabía nadar pedía ayuda en su idioma. “Don Polillo” ,ordenado y metódico, no le entendía y sacaba del bigote un diccionario inglés –español. Enseguida, la víctima revisaba el volumen de bolsillo y su “¡Help!” se trocaba en el obligado “¡Socorro!”.

Total que “Polillo” lanzaba el bastoncito a las angustiosas manos del forastero y cuando éste salía a la superficie prometía no “ahogarse” en suelo hispano… ni en ninguno ¡Faltaría más! Y poco más os puedo contar de “Don Polillo”, si acaso que sus correrías finalizaron en el número 84 del semanario que se vendía a 10 pesetas, el doble que “El DDT”, “Din Dan”, “” y “Mortadelo” y que sus “odiseas” han pasado a los anales de la historieta de humor… ¡Adios, amigos… y a vuestra disposición¡ Nos vemos la semana que viene.

Valeriano Belmonte