Hace escasos días se constituyó una comisión forma por el , el de Castilla-La Mancha y la Federación regional de municipios y provincias, para organizar las celebraciones del IV Centenario de la segunda parte de El Quijote. Esta segunda parte fue la culminación de la mejor obra literaria de todos los tiempos, cerrando así el círculo de la primera novela moderna de la historia y regalando a este país, España, y a esta comunidad autónoma, Castilla-La Mancha, el más valioso patrimonio cultural. Es pues justo y necesario que conmemoremos la efeméride como se merece.

Y se merece que lo hagamos con brillantez, pero también con austeridad y con eficacia en el gasto público. Tenemos el precedente y el ejemplo a seguir del “Año Greco”, que ha demostrado ser una soberbia apuesta por el turismo cultural sin caer en los despilfarros y autobombos que prodigó el gobierno socialista en el IV Centenario de la primera parte de El Quijote, hace menos de un lustro. Y si bien esta apuesta por El Greco se ha centrado, como no podía ser de otra forma, en la ciudad de , la celebración cervantina puede y debe extenderse a toda la región y muy especialmente a . Estoy seguro de que el gobierno de Cospedal, principal impulsor y artífice del IV Centenario, sabrá aprovechar las oportunidades y dará a nuestra provincia el protagonismo que le corresponde.

Y ya que estamos hablando del ingenioso hidalgo, conviene recordar –precisamente en estas fechas y en esta coyuntura política- que don extendió sus andanzas más allá de tierras manchegas. De hecho, en la segunda parte cuyo centenario estamos a punto de celebrar, el caballero dirigió sus pasos hacia el norte y llegó hasta la mismísima ciudad de . Y no consta que tuviera que atravesar frontera ni fielato alguno, en ningún momento muestra nuestro héroe la impresión de hallarse en un país distinto del suyo; hace cuatrocientos años, como hoy, Cataluña formaba parte plena y natural de la patria de , quien se movía libremente por los caminos de su tierra. Cataluña, en aquellos inicios del siglo XVII, era una región española con las mismas costumbres y consideraciones que la Mancha donde nació el hidalgo.

¿No haría mejor el señor Mas en sumarse a la celebración de este centenario? ¿No sería más inteligente (y hasta más astuto) hablar de cultura eterna en vez de enrocarse en la política cortoplacista, centrarnos en lo que nos une desde hace siglos en lugar de buscar diferencias y agravios? ¿No podría ser la efeméride cervantina un lugar de encuentro para todos los españoles, empezando por los manchegos y los catalanes?

Los grandes genios, como don , se caracterizan porque la lectura de sus obras trasciende la literalidad de las mismas. El viaje de El Quijote a Cataluña acaso sea una aportación más, metaliteraria y duradera por siglos, de una obra donde caben muchas más cosas que las divertidas aventuras de un loco y su ingenuo escudero. En El Quijote cabe, también, la esencia de una nación por la que merece la pena seguir trabajando y en la que merece la pena seguir viviendo. Viviendo juntos, por supuesto.

Artículo de opinión de , senador del en representación de la provincia de Albacete