En 1960, la televisión empezaba a coger fuerza tras cuatro años de ensayos, ideas y proyectos interesantes y aunque los televisores de , pionero televisivo y merecedor de mil y un homenajes, eran carísimos, las familias acomodadas solían comprarlos a tocateja mientras que los obreros más modestos lo hacían pagándolos en “incómodos” y dificilillos plazos, o sea que la pequeña pantalla se instaló en un abrir y cerrar de ojos en los hogares albaceteños que disfrutaban con “Bonanza”, “Escala en Ifi”, “Un millón para el mejor”, “Cesta y puntos”, “Galas del Sábado”, los informativos y festivales tan importantes como el de Eurovisión.

Inolvidable la década que contaba con figuras del corte de Pedro Macía, Matías y , , Marisa Medina, , José Luis Uribarri, Hermida, Clara Francia, Paco Valladares, Gloría Cámara, etc… en la cresta de la ola. Imborrables “Estudios I”, e “Historias para no dormir” antes de la llegada del “Un ,dos, tres” y “Crónicas de un pueblo”.

En el cine los realizadores hispanos no se dormían en los laureles y convertía a la glaumorosa y sensual en presentadora televisiva para mayor lucimiento de “El Día de los Enamorados” a la vez que Gracita Morales invitaba a sus vecinos de escalera a ver los programas de turno en su receptor cobrándoles unas pesetitas ( “Atraco a las tres” sin ir más lejos ), El caso de “Don Tele”, madurito personaje de don para el semanario “El DDT” era diferente ya que los vecinitos de enfrente y los del tercero izquierda, cuarto derecha y segundo centro se colaban de rondones en el sufrido y castigado domicilio del protagonista sin darles un céntimo ni las gracias por contemplar de “gorra”, boína, pamela y sombrero cordobés los espacios en blanco y negro de la época.

La situación era tan penosa que, tanto el héroe como su tía , no tenían más remedio que recurrir a la “guerra de guerrillas” y al séptimo mandamiento, decididos a librarse del descarado grupito. “Don Tele”, pues, se metía en la cama simulando una enfermedad contagiosa, y cuando los clásicos “pesados” atravesaban los umbrales de la morada, la tía del enfermito imaginario les informaba del repentino asuntillo. Pero ellos no se fiaban y llamaban por teléfono al doctor del principal, el cual acudía rápidamente, le tomaba el pulso y auscultaba al “titán”, le aconsejaba que dijera 33 (él solo decía catorce) y les espetaba a los allí presentes que el amo y señor del televisor estaba gravísimo y que con un poquito de suerte se repondría en un par de mesecitos , mandando acto seguido a hacer “gárgaras” a Blas, Paca, Amancia, Lola, Toño, Emeteria y Baltasara.

Tranquilidad y buenos alimentos. El “enfermito” salía del lecho en cuanto los cabizbajos, entristecidos y aprovechados “tertulianos” se marchaban a sus pisos. Y “Don Tele”, que se había puesto de acuerdo con el doctorcillo, le daba las gracias y lo invitaba a un aperitivo de primerísima línea preparándose para deleitarse con un nuevo episodio de “Los invasores”.

En otra de la aventurillas se presentaba sin previo aviso “Pepe Antena”, técnico en televisores que le ofrecía sus servicios y le aconsejaba que saliera a la azotea para ver si la antenita estaba orientada de Norte a Sur. Nuestro amigo obedecía y la orientaba de Este a Oeste, pero cuando tornaba al salón el técnico y el televisor se habían esfumado ¡Timo a babor y estribor con abordaje incluido!

En fin que “Don Tele” tenía que comprarse otro televisor si quería pasarlo bomba con “Las diez de últimas”, “Los hombres saben, los pueblos marchan y “El Tiempo es oro”.

Y un servidor espera que vosotros, mis fieles seguidores, lo hayáis pasado bien con el genial y magno “Don Tele”… ¡Hasta pronto!

Valeriano Belmonte