Los relatos de personas que vivieron esa efímera sublevación parecían propios de alguna novela, pero eran la pura y dura realidad, pues aquellos policías, detenidos por militares, habían sido puestos a disposición de otros policías, que se habían rebelado contra la República. Los detenidos en el Parque de Artillería fueron llevados a una habitación con un letrero indicando que era la Policía. Salió un hombre que dijo ser el nuevo Comisario y ordenó a otro funcionario, conocido como , que anotara todas sus filiaciones, donde ya estaban anotados más agentes. En el local, detenidos como ellos, estaban los Agentes: González Cano, , , José Bellanato, Pedro Parrondo, Aurelio Viñas, , Balbino Rubín, y otros.

Los que ejercían labores de control sobre los detenidos eran otros funcionarios policiales como Subcomisarios: Juan Conesa, Esteban Martín Lozano, , Agentes: José Albaladejo Aguilera, Francisco Rosique Briones, Manrique, Ron y Virgilio Calvo. El Subcomisario Alajarín, que era el Jefe de Policía, daba las órdenes y Juan Conesa las transmitía. Había también guardias de seguridad detenidos y guardias de seguridad custodiándolos. Permanecieron en ese local hasta la madrugada del día siete. Sin comer, sin luz, tirados en el suelo, debajo de las mesas, escuchando disparos por todas partes. Uno de los que custodiaban a los detenidos los amenazó con su arma ordenándoles salir a luchar. Incluso varios soldados escondieron sus armas para simular ser presos, porque combatientes la 206 Brigada abrieron el local y los liberaron. Los llevaron al 7º Regimiento de Retaguardia donde fueron puestos en libertad.

Estaba anocheciendo y se personaron inmediatamente en Comisaría. Mientras estos hechos se producían en el Parque de Artillería, en la Comisaría de , el Agente de 1ª clase, Don José Berenguer Juan, que había entrado de servicio de guardia, el día cuatro, con el respaldo de sus compañeros, ante la ausencia de otros responsables, se hizo cargo de la Comisaría. Pero antes de tomar esta determinación se produjeron varios incidentes. Ese mismo día cuatro, sobre las veintitrés horas, el Subcomisario Don Manuel Martínez Jiménez, recibió la orden del Comisario Jefe, que estaba en la Base Naval, de salir con sus hombres a la calle porque se había producido una sublevación armada en la ciudad. Poco después regresaron varios. Otros pedían auxilio desde el , donde se habían refugiado, un grupo fue desarmado, llevado a la Central de Teléfonos y puesto en libertad para regresar rápidamente a Comisaría.

En la mañana del día cinco, pasadas las nueve horas, el Subcomisario, sin esperar a que llegara el relevo, dijo que salía para tomar un café y no regresó. El Agente auxiliar, Don Rufino Sánchez Madrid, a las diez horas, sin esperar relevo, también se marchó. De ese modo, Berenguer era el de mayor categoría, acompañado por varios agentes, la mayoría desarmados, y un Cabo de Seguridad con quince guardias. El sonido de los disparos y las noticias que llegaban demostraban que la sublevación avanzaba, pues habían ocupado la Central de Teléfonos, la Base Naval, Arsenal, Parque de Artillería, Intendencia de Marina, y algunas baterías de los fuertes.

En la Comisaría, entre el cuatro y el siete de marzo, no se produjo novedad alguna. Poco a poco fueron reincorporándose hasta setenta y cinco funcionarios. Sin embargo, el diez de marzo, faltaban: el Comisario Jefe, Don Miguel Salinas Muñoz y quince más. Habían sido detenidos por sublevarse los Subcomisarios: José González Fernández, Antonio Alajarín López, Esteban Martín Lozano y Juan Conesa Blaya. Agentes: José Manrique Bleda, José Albaladejo Aguilera y Francisco Rosique Briones. Curiosamente, el Subcomisario que salió a tomar café y no regreso, informó que se había presentado ante el Jefe de . El Agente de 1ª Clase, Don José Berenguer Juan, Jefe Accidental de la Comisaría, pasada la efímera sublevación, se puso a disposición del Jefe de Orden Público de Cartagena.

Por esas fechas, el mismo día cinco de marzo, se producía el golpe militar de Casado en Madrid. Significó una especie de contraseña para rebelarse en todo el territorio dominado, aún, por lo que quedada de la República Española. Los comunistas aguantaron la ofensiva con dispar fortuna y mostraron la suficiente frialdad como para planificar la fuga de sus cuadros y combatientes en lo que quedaba de marzo. La mayor parte de sus dirigentes, ubicados en el , iniciaban la fuga general.

No es posible, ni por un momento, situarse en semejante confusión. Policías deteniendo a sus propios compañeros, militares matando y deteniendo compañeros; el caos de una guerra absolutamente absurda, que protagonizaron personas como si fueran macabras marionetas manipuladas por malabaristas sociales, que huyeron. Pero esas marionetas mostraron diversos roles en la masacre general, pues hubo quien siguió la corriente sin añadir odio al odio, pero también actuaron sin piedad, manchándose de sangre, auténticas fieras asesinas que tomaron el poder con armas para desangrar a quienes debían ser sacrificados según el guión propio o dictado por esos que luego, cuando hubo riesgo, salieron corriendo.

Simultáneamente, en la primavera de 1939, , ignorando las advertencias de la y las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial, exigiendo el cumplimiento del Tratado de Versalles, invade Los Sudetes y toda Checoslovaquia, sin resistencia armada, pues los propios habitantes de esos territorios se consideraban, abrumadoramente, alemanes.

Artículo de opinión de - Comisario Jefe de la en la provincia de