Cada elección es una oportunidad. Una oportunidad para avanzar aunque no siempre sea así. En la España democrática, afortunadamente, cada comunidad, cada ayuntamiento y cada institución renuevan sus dirigentes y en pocos días es el momento de la UCLM.

Nuestra universidad ha sido dirigida por cuatro rectores.

El primero un periodo constituyente liderado por Isidro Ramos, periodo difícil, tiempo de unir en una voluntad lo que venían siendo relaciones con distintas universidades. Las fuerzas directoras: la intuición de la ciudadanía sobre el valor de la universidad y la clara apuesta del gobierno de Castilla-La Mancha.

Tras la aprobación de los estatutos, Luis Arroyo, primer rector electo; periodo trepidante en el que tuve la oportunidad de colaborar en su primer equipo; tiempo de expansión, de apuestas, y también de consolidación y de ganarse el reconocimiento de la sociedad de Castilla-La Mancha. También aquí se confabularon para propiciar el avance múltiples factores: la ilusión de una plantilla, PDI y PAS, especialmente joven; el acompañamiento de las instituciones regionales, y, sería injusto no señalarlo, la inagotable capacidad de trabajo del rector Arroyo.

Ernesto Martínez, profundizó en su ejercicio como rector una de las características de su trabajo en los equipos de Arroyo: la búsqueda e incorporación a nuestra universidad de las personas necesarias para afrontar una etapa cada vez más exigente en la docencia y en la investigación. Eso que se define como captación de talento y que engloba un sinfín de complejas actuaciones que sólo quien lo ha trabajado es capaz de valorar en su justa medida. Sería falsa modestia omitir aquí el apoyo del gobierno del presidente Barreda en los ocho años de su mandato pero, por ajustar los méritos, tengo que señalar que la demanda de recursos [infraestructura, equipamientos, proyectos y personal] para la investigación que la universidad hacía estaba sólidamente formulada. La puesta en marcha de las seis nuevas titulaciones en los primeros momentos de los tiempos difíciles es de un valor que habrá ocasión en el futuro de ponderar con justicia.

Miguel Ángel Collado asumió el rectorado en tiempos de la presidenta Cospedal. Se rompía con ella una tradición de confianza y de respeto a la institución universitaria. Y de ahí la mayor reducción presupuestaria de las que han sufrido las universidades españolas desde 2010. Reducciones de plantillas (PDI y PAS), de servicios y de mantenimiento y especialmente de la financiación de la actividad investigadora. Sólo el compromiso, nuevamente del PDI y del PAS como en los primeros tiempos, pero ahora no fruto de la ilusión si no de la necesidad de sobrevivir han permitido transitar por un periodo de retroceso. Ante un gobierno, afortunadamente cada vez más olvidado, que no creía en la universidad pública y especialmente en nuestra universidad regional había dos estrategias: una, la búsqueda de apoyos donde tradicionalmente la UCLM ha tenido sus más claros defensores, y dos, la de no incomodar al poder, capear el temporal y evitar quejas internas. El rector Collado optó por la segunda. Tiempo éste lejano a los anteriores y que ha roto el avance, siempre con sus zigzags, de la UCLM.

Enfrentamos ahora una nueva elección de rector. Estamos en un tiempo nuevo. La universidad necesita reconstruir los lazos con la ciudadanía que se han ido desdibujando. La universidad necesita recuperar sus aliados: la sociedad, las empresas, las instituciones y el propio gobierno regional. La sociedad de Castilla-La Mancha ya se ha dotado de un gobierno predispuesto a su alianza con la universidad, le va en ello el orgullo de región y el futuro de sus jóvenes y con él el desarrollo económico, social y cultura de Castilla-La Mancha. Confío en que la universidad esté al nivel.

La universidad, para estar a la altura de los tiempos, requiere ser capaz de liderar la ilusión de su personal, de recuperar los estándares de investigación, de implicación con el tejido productivo; tiene ser capaz de volver a sintonizar con los ciudadanos, con los futuros estudiantes; necesita un cambio para retomar su fuerza como creadora de conocimiento, para activar la capacidad de crítica, en definitiva para servir a la sociedad que la sustenta.