Dada la importancia que tienen las elecciones para cualquier país democrático de derecho, por lo que representa para la consolidación de la Democracia, debería plantearse, como en algunos países europeos, tanto el derecho como el deber de votar. Lo que no puede ser es lo que ha sucedido en Albacete ciudad donde la abstención se ha situado al final en un 38%, muy por encima de la media nacional, y uno de los índices más altos de todas las capitales de provincia españolas.

Que al final nuestros representantes políticos estén elegidos solo por un 62% de la población deja muy en evidencia el escaso influjo y sentido que tenemos en algo tan grande y que tanto costó conseguir como es vivir en libertad y conseguir la tan ansiada Democracia para España.

El refrendo de tan escaso porcentaje de votos para los políticos elegidos, aun legítimo, deja mucho en el aire y obliga a una reflexión profunda de esta situación que, aunque para muchos pasa desapercibida, no deja de ser un mal endémico al que habría que buscar un remedio más pronto que tarde. Se trata de consolidad el Estado Democrático Español, y con estas actuaciones lo que hacemos es desvirtuarlo.