En otras ocasiones he incidido en la importancia de control, estabilidad y despegue económico para generar empleo y alcanzar mayores cotas sociales, economía y sociedad en equilibrio, pero también me he referido a que es el tejido productivo, es decir, el sector privado, quien nutre a la Administración o sector público.

Pues bien, si queremos que lo que estamos consiguiendo se mantenga, perdure en el tiempo y siga creciendo, también es necesario el equilibrio entre el sector público y privado.

Gobiernos de izquierdas han puesto de manifiesto en repetidas ocasiones no saber gestionar con la eficacia suficiente como para mantener el imprescindible equilibrio económico-social y ahora surgen nuevas formaciones políticas que amenazan abiertamente lo privado, es decir, amenazan el equilibrio público-privado que también es imprescindible para que todo lo conseguido, con tanto esfuerzo, perdure en el tiempo.

Pero me atrevería a decir más, si ya hemos sido testigos de las consecuencias que genera el desequilibrio económico y social, pobreza y desempleo, cuidado con lo que nos puede traer un desequilibrio público-privado, autoritarismo y falta de democracia y después… cualquier cosa, el ejemplo lo tenemos en países como , desestructuración, miedo y miseria.

En un mundo globalizado como en el que hoy vivimos, gestionar como lo ha hecho el PSOE en España es perder competitividad y retroceder, pero apostar por “charlatanes de feria” que no tienen un bagaje de gobierno, que su única credencial son gobiernos fracasados y dictatoriales de otras partes del mundo, es un suicidio.

Los trileros, embaucadores… siempre han tenido buena verborrea para contar lo que cada uno quiere escuchar, sobre todo entre los más débiles, captan al más descontento, al que más ayuda necesita, haciendo promesas que, de antemano, saben que no pueden cumplir. Hoy, además de buena labia, utilizan como nadie los medios de comunicación, puesta en escena, redes sociales…. Y “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Nos ha costado mucho llegar a donde estamos, perdonar y aparcar las discrepancias, los errores y los daños que produjo una guerra civil y, ahora, superar esta crisis que, también, ha atacado con crudeza a los más jóvenes.

Sin embargo, no dar continuidad a todo lo conseguido y poner “patas arriba” el sistema, como algunos pretenden, sería volver al caos, de nuevo a la destrucción de empleo y a la involución social y cultural.

Economía y sociedad; público y privado; empleo o pobreza, dictadura o democracia; revueltas o equilibrio y estabilidad en el tiempo. ¿Volvemos a destruir lo conseguido con el esfuerzo de todos y seguimos construyendo, o nos soltamos la melena y tiramos por tierra lo conseguido?

Artículo de opinión de Maravillas Falcón Dacal, Diputada Nacional del