Ascensión esperaba cambios en su vida bajo la tutela de su tía , que atendía, también, a su hermano , achacoso, con muchos problemas de salud. Nadie buscó lo que se quedó en . Todo el menaje y ropa de su casa, la última que ocuparon en guerra, se guardó en la de un antiguo conductor de José, llamado Lidón, en Bigastro, su pueblo. Nunca llegarán a saber si su madre, , hizo algo por recuperar todo aquéllo. No tenían intención de relacionarse con ella, unida a otro hombre, en una relación adúltera y silenciada por todos.

Recordaba que antes de que su padre saliera de prisión, año 1942, por medio del Tribunal Tutelar de Menores, Ascensión fue internada en el Colegio San Vicente de Paúl, conocido como La Rambla, en San Antón, . Un tiempo provechoso donde, con sólo quince años, aprendió taquigrafía, mecanografía, a tricotar y mucha cultura general, que tan bien la vendrá más tarde. Como las monjas no eran maestras no pudieron prepararla para ingreso en Magisterio; una pena, porque estaba muy bien formada para esa aventura profesional. Cuando su padre se presentó en , con casi diecisiete años, Ascensión tuvo que abandonar el colegio por obligación legal, lo que supuso una gran frustración. Dejaba un lugar donde la habían tratado con infinito cariño y bien orientada en su madurez personal y académica. Fue cuando su tía Carmen la llevó a Murcia, a casa de su tía Ascensión, donde estaba su padre. Se hizo cargo de su prima pequeña, Mary Sol, porque su otro primo, , enfermó gravemente. Su padre logró hacerse con una representación para hacer pólizas en la funeraria La Corona, recorriendo las huertas de Murcia buscando clientes, y había bastantes, pues se estaba reconstruyendo y forjando el futuro colectivo en una tierra fértil y agradecida. No tardó demasiado en buscarse posada, una habitación en casa de una señora donde había otros huéspedes. Era barata y limpia. Un tiempo después, precisamente, su hijo , cuando regresara de Jadraque, donde vivió con su tío , iría a verlo en Murcia, y en esa casa conocería a una hija de la dueña, Maruja, con la que se casará años más tarde.

Pero José se movía e iba conociendo historias que pasaron antes, en Cartagena, y que muchos de sus paisanos le contaban, aunque no pusiera el menor interés. Ahora estaba en otra dimensión tratando de buscarse la vida, tan distinta y distante de lo que hubiera podido ser. Le hablaron sobre un ingeniero, director de la obras del puerto, detenido a finales de julio de 1936 por orden del alcalde, ingresado en prisión por su desafección a la República, aunque sin intervención política, y sacado el 18 de octubre para ser asesinado. El 08 de agosto, por orden del alcalde y del Frente Popular, se registró el domicilio del subdirector de la fábrica de gas, que fue detenido e ingresado en prisión al día siguiente. El día 24 de agosto, el Presidente del Frente Popular de Cartagena instaba al delegado gubernativo para que ordenara a los agentes más intensidad en los registros, pues parecía que no demostraban mucho interés.

Un 09 de septiembre, el Delegado Gubernativo autorizaba a los agentes de investigación y vigilancia para que, junto con los obreros que ejercían el control de la fábrica de productos químicos, se registrara el domicilio del antiguo cónsul de en Cartagena. Los artículos de oro, plata y otros objetos valiosos, intervenidos en la finca La Esperanza, fueron remitidos a la Dirección General de Seguridad, en , el 28 de septiembre de 1937, en esas fechas el propietario ya había sido ejecutado.

Un 07 de octubre de 1036, en la Comisaría de Vigilancia, por parte de un agente del Cuerpo de Investigación y Vigilancia y el Delegado responsable del Comité Central de Milicias antifascistas, Jefe de la Sección de Investigación de las milicias, se detenía a un hombre de 29 años, representante, por considerarlo elemento desafecto al Régimen. Le habían tomado declaración en el Comité Central de Milicias Antifascistas, sito en calle Caridad, 1-1º. Le ocuparon una medalla de la Virgen de La Caridad, un escapulario con distintivos monárquicos, dieciséis cromos religiosos y otros efectos. El hombre se justificaba diciendo que eran regalos antiguos con ocasión de comidas o cenas con amigos de la Unión Eléctrica, que no tenía actividad política alguna indicando las personas que podían ratificar sus afirmaciones. De nada le sirvió, porque fue ingresado en prisión.

Un 18 de octubre de 1936, el Secretario General del Frente Popular autorizaba al responsable del para hacer registros y detenciones en la finca La Campana, en Los Dolores.

Le contaron que, a finales de octubre de 1940, se recopiló información sobre los asesinados durante lo que se llamaba en esas fechas dominación marxista. La relación de muertos, fechas y lugares era desgarradoramente dramática, pero los dos barcos utilizados como prisión y cadalso fueron paradigmáticos ejemplos de barbarie absurda y cruel.

En el vapor España número 3 fueron encerrados todos los detenidos de la Marina, Ejército, Guardia Civil y Carabineros procedentes de la Base Naval, de la Aeronaval de y las guarniciones de y . El 15 de agosto de 1936, de madrugada, zarpó hasta unas pocas millas del puerto. En la cubierta fueron ejecutados y arrojados sus cadáveres al mar, previamente lastrados para evitar que flotaran. Más de 150 Coroneles, Comandantes, Capitanes, Tenientes y Alféreces. Unos pocos, que se escondieron en las sentinas, fueron localizados y ejecutados a tiros o culatazos.

El vapor Sil fue utilizado, también como buque-prisión. Fueron encerrados como detenidos numerosas personas, especialmente militares, guardias civiles y algunos sacerdotes, procedentes de Albacete. En la noche del 14 de agosto de 1936 sacaron a diez diciéndoles que los iban a trasladar al Penal, pero los llevaron al Arsenal. Al pasar por el callejón, junto a la Constructora, fueron ejecutados con ametralladoras y rematados con culatazos. Regresaron a por otros diez, pero alguien se enteró de lo que había pasado, mostrando una general negativa y amenazando con incendiar el barco. Zarpó esa misma madrugada hasta varias millas mar adentro, donde fueron sacándolos por pequeños grupos, lastrándolos con peso y arrojándolos al agua, hasta 51. Un nuevo amotinamiento provocó que el barco siguiera hasta Menorca, donde fueron desembarcados, muchos de Albacete, entre ellos cuatro hermanos, todos guardias civiles. Allí llegaron con la etiqueta de asesinos y dispuestos a morir, pero algún paisano manchego, militar en la isla, indicó que conocía a varios y no eran criminales, lo que les salvó la vida.

Artículo de opinión de - Comisario Jefe de la en la provincia de Albacete