Decía el célebre aquello de que “el éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar”. Y gran parte de lo que reza esta frase resume el espíritu de los trabajadores autónomos.

2014 está a punto de expirar y, lejos de lo que quieren hacernos ver los economistas y técnicos más optimistas, la economía española continúa estancada. Es más: de crecer, lo está haciendo a un ritmo muy lento, prácticamente imperceptible. Eso lo saben bien los más de tres millones de autónomos que se encuentran afiliados a la Seguridad Social en nuestro país. Y es que los profesionales por cuenta propia, a pesar de que en muchos casos trabajan casi el doble que los trabajadores por cuenta ajena, y que junto a las pymes, representan el 90% del tejido empresarial del país, están comprobando como por unas causas o por otras se encuentran asfixiados y no terminan de levantar cabeza.

No hay mes que pase que no sea convulso para los intereses de los . A los males endémicos que aquejan al colectivo (morosidad, trabas burocráticas, economía sumergida, competencia desleal, impuestos, etc.) hay que sumar otros problemas como son el descenso en las ventas del comercio al por menor; el estancamiento del consumo y las tasas negativas registradas en el IPC, las cuales nos están acercando peligrosamente hacia el fantasma de la deflación.

Lamentablemente una vez más hay que recordar que la financiación sigue siendo prácticamente inexistente para nuestro colectivo. Y es que diariamente los autónomos, emprendedores y microempresarios se encuentran con el serio problema de que la mayoría de los créditos que solicitan les son denegados, al exigirles unas garantías que están muy por encima de su realidad y de la situación económica actual.

Hay que destacar que en los últimos meses se han adoptado importantes medidas para revertir la situación económica y para mejorar la labor de los autónomos en nuestro país como el Decreto Ley de Medidas Urgentes para el fomento del empleo y la contratación indefinida; el anteproyecto de Ley para la financiación empresarial, etc. Ello sin olvidar la recientemente aprobada reforma fiscal. Sobre el papel dicha reforma presenta una serie de medidas positivas para los autónomos, aunque podría haber sido más ambiciosa, extendiendo su repercusión a los trabajadores por cuenta propia con menos recursos.

Que duda cabe que la reforma fiscal acerca la figura del trabajador autónomo a la de trabajador por cuenta ajena, equiparando algunos derechos y obligaciones. Aunque, evidentemente, aún quedan muchos pasos que dar hasta llegar a la cima.

No quiero pasar por alto la urgente necesidad de la puesta en marcha del , órgano creado el 7 de diciembre de 2010 mediante el Real Decreto 1613/2010 y cuya composición fue resuelta en el año 2011, formando parte OPA como una de las organizaciones representativas. Y es que el Consejo del Trabajo Autónomo debería encontrarse ya operativo para que la voz de los autónomos pueda ser escuchada de una manera formal y eficaz.

Esperemos que, por el bien de los trabajadores autónomos y, por ende, del conjunto de la sociedad, el panorama económico cambie radicalmente en 2015 con el fin de que España empiece a generar empleo, riqueza y prosperidad de una manera real y continuada.