Llegamos a la celebración del Día de la Región, 31 de mayo, inmersos en unas circunstancias sociales y políticas que anuncian cambios y transformaciones profundas a corto y medio plazo. Es, al menos, el sexto año sufriendo una crisis, que se ha convertido en una auténtica estafa y excusa para el expolio de la clase trabajadora.

La celebración oficial se marcha a Talavera de la Reina, junto a su comarca, localidad tan denostada y castigada en unos casos, como querida y apreciada cuando se acercan envites electorales. Quizás sea una circunstancia extrapolable a toda la región.

Una comarca castigada por el paro, la precariedad, los recortes, la exclusión social y el menosprecio histórico a sus recursos naturales. Esta radiografía la podemos hacer extensiva, es la realidad actual con sus matices, al resto de la región. Hoy, Castilla-La Mancha no deja de ser noticia como ejemplo de involución democrática, represión silenciosa y manipulación de los medios públicos, pobreza, recortes, liquidación del Estado de Bienestar, paro y precariedad laboral, desprecio a los recursos naturales, destrucción del debilitado tejido económico, incluido el medio rural, desmantelamiento y privatización de los servicios públicos más básicos y esenciales, que provoca una continua pérdida de cohesión social, empobrecimiento y una creciente desigualdad, y es ejemplo de emigración forzosa de los más jóvenes que no encuentran trabajo ni tienen futuro aquí. Y todo ello persiguiendo, supuestamente, tres objetivos fundamentales: controlar el déficit, reducir la deuda y crear empleo. Sin embargo, tras cargar todos los sacrificios sobre lo público, la clase trabajadora, pensionistas y parados, el déficit no se controla, la deuda es impagable, ya que supera los 11.000 millones de euros, y la creación de empleo ni ha llegado ni se espera, al contrario, parece que el paro estructural del 30%, cercano al 60% en los jóvenes, es una plaga bíblica que tenemos que soportar con resignación.

Aún así, la gente de esta tierra tiene, tenemos, esperanza en cambiar las cosas, queremos nuestra tierra y creemos en su gente, no vamos a caer en la resignación, ni vamos a dar por buena la verdad absoluta que nos quieren imponer. Para este 31 de mayo no hay nada que celebrar en Castilla-La Mancha, pero si debemos reconocer que hay esperanza para el futuro y síntomas de cambios profundos, que frente a la resignación está en nuestras manos recuperar la brújula para ganar un futuro muy diferente al que hoy nos conducen. Vamos a devolver el gobierno a la gente normal y corriente, y vamos a liberar el parlamento regional del bipartidismo pendular que mantiene secuestrada la soberanía popular desde su creación. Hoy no hay nada que celebrar, pero el futuro es de la gente de Castilla-La Mancha.

Artículo de opinióln de , coordinador Regional de IU en Castilla-La Mancha