Ingredientes: agricultores y ganaderos castellano-manchegos, unas cuantas normativas obsoletas y, por supuesto, unos cuantos miles de ejemplares de conejos. Se mezclan bien todos los ingredientes y, como resultado, ya tenemos una alarmante plaga que está devorando las explotaciones agropecuarias y continúan provocando daños que, esperemos, no tengamos que lamentar.

Los miles y miles de animales que se han extendido a lo largo de las comarcas de la región, (sobre todo en La Mancha, la Mesa de Ocaña, , La Manchuela, etc.) se están adueñando del campo ocasionando cuantiosas pérdidas económicas a los profesionales del campo. Los conejos están arrasando el cereal y las leguminosas y provocando daños en los viñedos, olivares y almendros que repercutirán en los años venideros.

Pero el problema, que tenemos que calificar cuando menos de plaga, va más allá de los perjuicios que ocasiona a los agricultores y ganaderos. Los taludes de las carreteras y otras vías de comunicación ya están como el subsuelo de : lleno de túneles. Esto puede provocar desprendimientos de tierras que, sin querer alarmar más de la cuenta, puede terminar con algún daño personal.

Y qué decir tiene los detrimentos que puede causar a nivel medio ambiental. Los conejos, que parecen haber evolucionado genéticamente y han aumentado sus tamaños, necesitan más alimento para sobrevivir, y no distinguen entre cultivos o especies vegetales amenazadas, poniendo aun más en peligro de extinción este tipo de flora.

En definitiva, demasiados daños que crecen proporcionalmente con el tiempo que pasa y que, por lo tanto, necesita de medidas urgentes. Muy urgentes.

Las medidas que se han puesto en marcha son muy insuficientes. Para empezar, y a petición de ASAJA de Castilla-La Mancha, la Administración está dando autorizaciones excepcionales de caza con hurón y escopeta para aquellas zonas en las que se ha verificado, por parte de los agentes medioambientales, la existencia de una plaga de conejos. Pero esto no deja de ser más que un parche. Ahora hay que acabar con la plaga y aprender la lección: se necesitan medidas preventivas. Por ejemplo, que el haga las actuaciones pertinentes en los márgenes de las carreteras donde se concentran las madrigueras y se instalen vallados más tupidos y a mayor profundidad. Otro ejemplo, que las Confederaciones Hidrográficas acometan la limpieza de las riberas de ríos y arroyos de su jurisdicción o, en su defecto, permita a los municipios hacerse cargo de las labores de eliminación de maleza.

Pero lo que sobre todo hace falta es actualizar una obsoleta legislación que no está respondiendo a los intereses de los ciudadanos, que es exactamente para quienes se hacen las leyes.

Existen varias normativas en relación a la actividad cinegética, pero la que nos interesa en cuestión es el Decreto 10/2009, de 10/02/2009, por el que se declara el conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) como especie cinegética de interés preferente y se aprueba el Plan General de la especie en Castilla-La Mancha. Esta normativa, que está basada en estadísticas de hace diez años, dice textualmente que se ha originado “un fuerte declive del conejo de monte en las últimas décadas reduciendo de forma muy acusada su abundancia”. Muy muy lejos de la realidad.

Por último, en este mismo Decreto se establece que “en un plazo máximo de cinco años se realizará una revisión parcial del presente plan, y reelaboración del mismo en un plazo de diez años”. Dicho esto, cumplamos con la ley, revisemos el plan y actualicémoslo a la realidad del momento. Y, por supuesto, aprendamos la lección.

Artículo de opinión de - Secretario General de ASAJA Castilla-La Mancha