El 25 de marzo de 1957 tenía lugar en el germen del proyecto común europeo. La firma de los tratados que dieron existencia a la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la Comunidad de la Energía Atómica (EURATOM), que perseguían sentar las bases de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos. Y al mismo tiempo asegurar el progreso económico y social común eliminando las barreras que dividían Europa en aquél entonces.

Se abría, de este modo, el horizonte hacia una unión, no sólo desde el punto de vista económico, sino también político, a largo plazo. Un periodo de construcción entre los estados de Europa de nuevas estructuras y reglas vinculantes, cuya culminación política e histórica es la UE que hoy todos conocemos.

Estas seis décadas han sido una de las mayores historias de prosperidad, crecimiento, solidaridad y paz. Un éxito en su conjunto tras muchos retos y dificultades que durante este tiempo los estados de la UE hemos ido superando de manera conjunta.

Sin embargo, aunque podemos sentirnos orgullosos, también debemos estar preocupados. Porque celebramos 60 años marcados por el ‘Brexit’ y sus derivadas, los estragos sociales y políticos de una crisis económica sin precedentes y la amenaza de los populismos que pueden conducir a un inestable equilibrio y mayores divergencias dentro de la UE.

La crisis económica de estos últimos años ha dejado ver las imperfecciones de la UE. Pero debemos seguir esforzándonos para conseguir una verdadera unión, afrontando entre todos los desafíos a los que nos enfrentamos. Porque, precisamente, con motivo de las crisis o debilidades que ha experimentado el proyecto europeo en todos estos años, la UE siempre ha sabido salir más reforzada.

Son muchos los retos por delante. Y, casualmente o no, todos están relacionados con la igualdad, la libertad, la democracia o el respeto a los derechos humanos, la dignidad humana o las reglas del Estado Derecho. Todos los valores consagrados en los tratados de la UE a lo largo de su historia.

La cohesión, la solidaridad y la justicia social entre todos los estados de la UE son la respuesta. Sólo si actuamos conjuntamente podremos mantener en el futuro nuestros valores comunes y nuestro ideal europeo de sociedad en beneficio de todos los ciudadanos. No podemos permitir que el proyecto político más ambicioso jamás realizado se rompa en cualquier instante.

Europea es un proyecto de construcción continuo. Nos ha traído paz, prosperidad y riqueza, basándose en el fortalecimiento de nuestra unidad. Debemos ser conscientes, por supuesto, de que los pueblos de Europa no tendrían apenas voz ni peso en el orden mundial actual actuando todos sus estados por separado.

Las próximas generaciones serán quienes decidan cuáles son los siguientes objetivos de la UE. Ahora es momento de reconocer lo construido y de poner en valor todo lo conseguido en estas seis décadas. Pero ayudémosles a seguir apostando por la democracia, el Estado de Derecho, , la libertad, la tolerancia, la igualdad entre hombres y mujeres, la justicia o la solidaridad.

En definitiva, por una mayor unión y solidaridad de los pueblos de Europa.

Presidente de Castilla-La Mancha