En el frente de Teruel la guerra seguía con dureza. En marzo, frente al Cabo de Palos, es hundido el crucero Baleares. Poco más tarde, a primeros de abril, Indalecio Prieto deja la cartera de Defensa, de la que se hace cargo el propio Presidente del Gobierno, Juan Negrín. En Burgos, un decreto del gobierno sublevado abolió el Estatuto de Cataluña y se publica la Ley de Prensa. Se prepara la batalla de Levante. Varela ataca la bolsa de Mora de Rubielos, donde el Mayor José Pastor, manda el batallón 38. El 30 de junio la 40ª División reconquistó la cota 1196 y el Vértice Marrón, por cuya sus componentes fueron condecorados con la medalla al valor.

Tras esa hazaña, el frente de Teruel se estabilizó obligando al ejército sublevado a seguir desde Castellón hacia Valencia. El frente del Ebro aguantaba, pero en Bielsa las tropas republicanas huían a Francia. Mientras en pleno mes de Julio el gobierno de Hitler instauraba la tarjeta especial para judíos-alemanes. El siete de noviembre la aviación republicana bombardea Cabra sin explicación militar alguna, pues las operaciones estaban muy lejos de la ciudad cordobesa.

Esta matanza se ha podido considerar otro Guernica, el republicano. Un mes antes, el seis de octubre, Alicante recibió una lluvia de panes envueltos en papel que decía: “Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan. Franco”.

El año 1938 finaliza con el ejército republicano replegándose hacia Barcelona. Lister mantiene la defensa frente al Ebro. La ofensiva nacional sobre Cataluña debe esperar mejores temperaturas. Lérida iba cediendo al empuje de los sublevados. Indalecio Prieto buscaba financiación en Chile impartiendo conferencias. El gobierno de la república se trasladó a Gerona temiendo la caída de Barcelona.

El Mayor José Pastor, aprovechando la calma de un Ejército de Levante esperando acontecimientos, envía comida y dinero a los suyos, que mantiene el tipo en Orihuela, donde las malas noticias no se esconden. Sin embargo, con enero despertando el ejército nacional ocupa Barcelona. Las Cortes republicanas, camino de Francia, celebran su última reunión en Figueras. Comienza febrero con la caída de Gerona cerrándose los Pirineos para quienes trataran de escapar. La suerte está echada.

Los acontecimientos se precipitan. El coronel casado se subleva en Madrid contra el poder comunista, mientras Negrín y parte de su gobierno se refugian en Elda y Petrel. Casado y Miaja ofrecen la rendición de Madrid. Francia y Gran Bretaña, como otros países, ya habían reconocido el nuevo gobierno de Franco. El uno de marzo Azaña dimite y cede la Presidencia de la República a Diego Martínez Barrio. Seis días más tarde, las defensas del puerto de Cartagena hunden el buque Castillo de Olite cargado de tropas. Casi mil quinientos hombres mueren en el desastre. El ejército alemán ocupa Checoslovaquia y se anuncia la Segunda Guerra Mundial.

El veintiocho de marzo se produce la entrada del ejército de Franco en Madrid, lo que propicia la rendición en cascada. Queda Valencia, Alicante, Murcia y Cartagena. El Mayor José Pastor se encontraba enfermo en casa. La tía Marina le dijo: “¡Váyase, que en Alicante hay barcos preparados para los que quieran irse!” Pero José contestó: “¡Yo no me voy dejando a mi familia abandonada!” En Orihuela se escucha la radio anunciando el final. El puerto de Alicante esperaba barcos salvadores, pero llegaron menos de los previstos. Miles de combatientes republicanos fueron apresados por las tropas italianas, también miles de personas comprometidas con la República. Algunos decidieron quitarse la vida para no dársela a los vencedores. Cartagena, con su base naval, será la última plaza fuerte del bastión republicano. El primero de abril Franco, tras la toma de Valencia, emitió el último parte de guerra: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo…” Estados Unidos no tarda horas en reconocer al nuevo gobierno. Alemania preparaba la invasión de Polonia, mientras Mussolini hace lo propio en Albania y sienta las bases del Pacto de Acero con Hitler. Otra guerra mayor, la segunda gran guerra. España, cuyo territorio está desangrado, pretenderá quedarse al margen, al menos en la confrontación bélica inicial, pero no la dejarán.

Se escuchaban vítores, blandían banderas nacionales, se uniformaba la gente de azul, los escondidos salían al sol, las tropas sublevadas se hacían con el control de Orihuela. Muchos se marcharon huyendo de las represalias. Había mucho odio reprimido sediento de venganza y justicia. José Pastor sabía que debía entregarse. Era un militar profesional, respetuoso con las leyes, al que la guerra interrumpió su vida y le obligó a tomar el bando correcto, según sus principios éticos y morales. En las calles aparecían carteles pidiendo a los militares republicanos que se presentaran en los acuartelamientos. Salió de casa uniformado, sin galones, con las manos extendidas llevaba cogidas a su hija, Ascensión, y a su mujer, Ignacia. Caminó sin prisa hasta el antiguo colegio de los jesuitas, donde se habían instalado las fuerzas de ocupación. Al llegar frente a la puerta, en la acera contraria, hija y mujer soltaron las manos para dejarlo cruzar la calle y acercarse al soldado de guardia. Le dijo algo y el centinela gritó: “¡Cabo de guardia!”. El cabo salió y lo acompañó al interior. Ascensión, con su madre, esperaban fuera sin saber qué y para qué, y así estuvieron mucho tiempo. Pero José salió de nuevo. Con la esperanza de un milagro se acercaron para preguntarle, y les explicó: “Me han pedido la documentación, me han hecho varias preguntas, entre ellas si tenía armas, además de la reglamentaria, les he dicho que tenía una más, ha llamado para que me escoltaran a casa, recogiera las cosas de aseo y ropa y nada más, entonces les he dicho que estaba mi mujer y mi hija fuera esperándome y ha prescindido de la escolta”. Llegamos a la casa donde un coro de llantos acompañó su corto tiempo en familia. Regresaron al mismo cuartel, les dio un beso, se metió dentro y hasta…

Documento escrito por José Francisco Roldán Pastor, Comisario Jefe de la Policía Nacional en la provincia de Albacete