Caminaron temerosos de la venganza del juego, pues faltó a una cita de honor. Mucho había ganado, con tretas, y no estaba en condiciones de arriesgar o confesar. En esta ocasión, como otras veces, había hurtado sin castigo, justa recompensa para cuando fue penado siendo inocente. Para esconder pensamientos, caminando con prisa, Guzmán le contó a su siervo lo que había vivido hasta que lo conoció en . El valenciano hizo lo propio para mejor conocerse y emprender otro futuro. Fue larga la retórica de aventuras, con la vida de por medio, que supo esquivar con apuros. Cuando lo encontró en Roma, para engañarlo, Sayavedra estaba al servicio de Alejandro. Terminó el relato agradeciendo estar con su señor, al que tanto ahora debía. Estaban en disposición de ampliar objetivos, pues había que arriesgar en aventuras importantes, dejarse de pequeñas raterías y enriquecerse para volver triunfantes a España vistiendo las mejores galas cargando enseres y dineros. Ese largo viaje permitió a Guzmán conocer a su siervo, que lo dejó admirado por su talento y largura.

Se inicia el capítulo quinto entrando en y buscaron posada de orden, pues tenían dinero para disfrutar de buena cama y comida. Visitaron la ciudad sin arriesgar juegos o pendencias, pues había mucha milicia por allí. En una plaza Sayavedra encontró a un conocido, también español, con el que charló a solas un rato. Despertó el recelo del que algo teme, pues no en vano habían sido, y eran, pillos consumados. El siervo le habló del conocido, con el que compartió vivencias del robo y llevaba tiempo en , donde tenía información y conocidos a los que se podía engañar. Aguilera era el contacto perfecto para ganar mucho y bueno, porque servía a un mercader con la confianza plena. Hacía de cajero, y de eso mucho se podía obtener. Se mostró como santero, el que aporta la información esencial que ha de servir al ladrón.

Detalle del escondite donde se guarda el dinero, cajones adecuados donde puede haberse más. Se preparaba un robo como los de ahora, en pleno siglo XXI, donde el santo es el chivato; supone una ventaja esencial, pues facilita cómo alcanzar el tesoro y los medios mejores para usar. La traición es la mejor herramienta para facilitar el delito, pero tener copia de las llaves es lo más de lo más. Tres partes había que repartir, como tres eran los que, de un modo u otro, habrían de engañar. La trama urdida por Guzmán, que era cuento largo, se desplegó con soltura. Los engaños acertaron y las mentiras culminaron un éxito sin parangón hasta ese momento, lo que proporcionó grandes beneficios para seguir mejor viviendo. Partieron, como estaba prevenido, y arreglaron viaje para marchar a Génova, donde Guzmán fue afrentado por uno que dijo ser pariente.

Cuando llegaron a Génova fue directo a la posada donde lo mantearon. Los ropajes y el servicio no dejaron reconocerlo. La gente de la hospedería buen recibimiento hicieron, pero él, con astucia, tendría modo de vengar el susto que le proporcionaron. Con la ayuda del criado, para todos era , caballero sevillano, que de Roma procedía. Hacía correr la voz de su procedencia genovesa, donde habría familia residiendo. Pretendía con ello difundir su interés en buscar parientes, ya que en aquella posada solía acudir gente principal. Jugaba y se mostraba generoso con sus contendientes sembrando gestos para recolectar aprecios. Entre sus recién conocidos estaba el capitán Favelo, apelativo que le regaló una dama que lo dejó en celo. Un hombre agradecido que se ofreció a Guzmán en lo que necesitare. Los que mantearon su cuerpo y honra, allá cuando llegó de España, no hacían más que competir por sus atenciones.

La mayoría decían ser sus parientes alargando el linaje a otros siglos. Y encontró al que dijo ser su tío, aquel señor embustero que lo engañó en la posada. Estaba viejo. Ya era viejo siete años antes. Le habló de un ladronzuelo que pretendió engañarlo haciéndose pasar por su sobrino, pero lo descubrió a tiempo para hacerle una maldad con la que huyó despavorido. Guzmán rememoró el terror que padeció, como si lo estuviera viviendo, pero mantuvo el silencio de su secreto. Favoreció a sus parientes con banquetes y regalos. Aguantó el mostrarse como aquel chaval al que despreciaron, como le pasó a José, ministro del faraón, cuando recibió a los hermanos que lo dejaron morir en aquel pozo. Pero la venganza debía ser ciertamente sabia. No había prisa. Se dejó acariciar por lisonjas regaladas y siguió esperando el momento adecuado para culminar su treta.

Mateo Alemán, como otras veces, se entretiene en relatos intercalados para alargar texto y discurrir sobre el bien y el mal de una sociedad en decadencia. Reconoce que caminó por tierras de La Mancha, Alcalá de Henares, o , lugares que recorrió y el mismo Greco. Su tío conjuró el casamiento con dama principal, aunque de reducida dote. Guzmán pareció aceptar gustoso a la espera de cumplir su venganza. Habían pasado nueve meses. Según le dijo el capitán Favelo, llegarían las galeras para regresar a España. Le contó secretos al capitán buscando su ayuda en el empeño, que acogió con lealtad a prueba de muerte.

Artículo de la serie “El ” cuyo autor es el Comisario Jefe de la en la provincia de Albacete,