El asunto de la Conferencia de Yalta seguía suscitando interés en los medios de comunicación internacionales. Publicados sus documentos, eran importantes para analistas del mundo occidental. En el otro lado, la información a los ciudadanos era escasa. Cuando se celebró la reunión, los tres líderes mundiales consideraban ganada la guerra contra el eje --Tokio, y por eso se repartieron el planeta. El más astuto: Stalin. La delegación norteamericana llevó a dos enfermos a las negociaciones: El Presidente y su mano derecha. Roosevelt perdió la paz en 1945. En Inglaterra, conocer los entresijos de la negociación produjo estupor; se entendía que sus dirigentes políticos pusieran reparos a la difusión. Y Francia, que seguía hipnotizada por el comunismo soviético, en esas negociaciones había sido despreciada por Rusia. Diez años después, una legión de torpes tuvo la oportunidad de conocer lo que inspiraban a su gurú ideológico. En la sesión del 10 de febrero de 1945, Roosevelt y Stalin se declararon sionistas, según los estudiosos de la documentación. Japón se desmarcada de la Conferencia de Yalta.

Estados Unidos ponía en servicio al submarino más rápido del mundo, El Albacore, nombre que bien pudiera haberse inspirado en nuestra provincia, pero no, se trataba de atún. Suecia expulsaba a dos diplomáticos checoslovacos por espionaje. Desde (EEUU), el Vicepresidente norteamericano, , amenazaba con utilizar el armamento atómico en el conflicto asiático. En Villagarcía de (), con ocasión del aniversario de la fundación de la Falange gallega, el Director General de Radiodifusión, Jesús Suevos, declaró algo que permite advertir una premonición voluntarista, que puede servirnos de referencia para muchos que ignorábamos aspectos del pensamiento incrustado en tantos españoles de buena fe: “El día en que Franco desaparezca, la Falange aceptará cualquier fórmula o jefatura, siempre que sirva leal y rotundamente a España”. El autor se apunta a esa aspiración, porque estamos en ello. Nos estamos jugando España y debe quedar diáfana la intención de ser leales a esa historia compartida en la nación más antigua del mundo. Muchas ideologías, por dispares que puedan aparecer, algunas con la boca entreabierta, tienen perfectamente asumido que lo primero es la soberanía del pueblo español.

En mi acervo moral, ya en los últimos años sesenta, cuando no tenía definida una personalidad, asumí un lema para entender la vida: “Vale quien sirve”. Respetando cualquier opción profesional y pensamiento, el servicio público ha sido entendido como uno de los valores fundamentales para seguir construyendo una sociedad que prospere con el esfuerzo y compromiso general. Nuestros abuelos protagonizaron el primer empujón, que nuestros padres impulsaron con energía y mucho sacrificio. Algunos, que ya hemos sido agraciados con nietos, sentimos el orgullo de haber transferido esa educación, edulcorada, adaptándola a los tiempos que impusieron, exigen y demandarán transformación. No valen indolencias, auténtica cobardía de los acomodados en el hedonismo alimentándose en el pesebre de lo injusto. Muchos, abducidos por un autoritario modo de entender la sociedad, más aún tras una tragedia incuestionable, y con riesgo de responder por sus incontinencias verbales, tenían asumida la deriva política de una gran nación. Maldigo a quienes desean destruirla. Los internacionalistas, que declararon fidelidad a la Kominter, merecen el respeto que sus intenciones merezcan. A estas alturas, los bolcheviques, además de protagonizar genocidios incuestionables en el pasado, no pueden ofrecer más que opresión.

Desde enero de 1956, según ABC, en España se podría fabricar y comercializar, libremente, las cerillas. Tendrían un impuesto estatal del 25% en fábrica. El mismo diario anunciaba algo que no podemos certificar, por el momento: Se esperaban en España, durante la primavera, más de 250.000 visitantes norteamericanos. El deshielo amenazaba con problemas en el norte y generosidad para los embalses. La Semana Santa, como ahora, imponía desplegar recursos para ampliar la posibilidad de traslado de muchos españoles a las citas procesionales en toda España, especialmente Levante, Extremadura y Andalucía. En Roma (Italia), se anunciaba la celebración del sobre la prevención de accidentes laborales. En (Argentina), se iba a celebrar un congreso mundial sobre productividad y bienestar social. Se dictaminaba el proyecto de ley referente a la creación del Patronato Nacional de Asistencia Psiquiátrica. Aparecían comprometidas las Diputaciones Provinciales. Bueno es traer a colación el problema que era, ha sido y sigue siendo en España, cuando las organizaciones privadas, impulsadas por las familias, han debido asumir las competencias que instituciones públicas abandonan. Sus responsables, que admiten cierta responsabilidad por esa serie de omisiones, lavan sus conciencias subvencionando a verdaderos héroes sociales, que debieron comerse aquélla filosofía de que los enfermos psiquiátricos debían ser socializados. La calle está plagada de seres indefensos, abandonados y, eso si, muy socializados. En esa categoría se incluye, como es natural, los adictos a la heroína que aún viven. Abril 2019.