“Quiero dejarle a mi hijo una Andalucía mejor de la que nos dejaron nuestros padres”. Así, con una curiosa mezcla de política y sentimentalismo maternal, comenzó la campaña electoral andaluza.

Vamos a pasar por alto la utilización espuria de la maternidad (un hecho tan meritorio como íntimo), usándola como arma en la arena política. Flaco favor se le hace a la mujer como tal- y más aún a la mujer como madre- cuando se hace del embarazo un argumento político. La gestación no puede en ningún caso ser un demérito ni un problema, ni a nivel profesional ni a nivel político; pero tampoco es un aval de nada. pasando revista a las tropas no era peor ministra de Defensa por hacerlo embarazadísima… pero tampoco era por ello mejor ministra de Defensa. Y el estado de buena esperanza de Susana Díaz no la hace peor candidata en ningún caso, pero tampoco la hace mejor candidata. Ella y su partido son lo que son con embarazo o sin él.

Como decía, vamos a pasar por alto ese mensaje subliminal de sensibilidad a flor de piel. Y vamos a centrarnos en la literalidad de las declaraciones. Después de haber sido incapaz de culminar la legislatura que le regaló Griñán, después de haber adelantado innecesariamente las elecciones por su propio interés partidista, ahora la candidata del PSOE habla de “dejarle a su hijo una Andalucía mejor de la que nos dejaron nuestros padres”. Se le olvida a Susana Díaz que la Andalucía actual es la que han hecho sus propios padres, políticamente hablando, o sea, los socialistas: casi cuarenta años en el poder dejan poco margen para buscar enemigos externos. Los abuelos del hijo de Susana Díaz llevan gobernando en esa región ininterrumpidamente desde el principio de los años ochenta, así que la herencia de Susana Díaz y de su hijo es la que es: la autonomía con más paro de España, con severos problemas de desarrollo y falta de oportunidades para los jóvenes… por no hablar de una corrupción institucionalizada y milmillonaria, a costa de los fondos que debieron destinarse a luchar contra el paro y fueron desviados a manos más codiciosas. Presuntamente, claro.

En Castilla-La Mancha sabemos mucho de eso. También aquí tuvimos treinta años de socialismo que terminaron en la ruina y la desesperanza. Y todavía hoy, como Susana Díaz, los dirigentes socialistas pretenden que olvidemos esa historia y reniegan de su propia herencia.

El adanismo es mal vicio en política. Cada uno es hijo de sus actos y de los que le precedieron, y negar la propia historia es un ejercicio de funambulismo político digno de mejor causa. Sorprende que Susana Díaz quiera ahora, dice, “seguir trabajando para que nuestra tierra dé el paso adelante que nos merecemos”. Es evidente que Andalucía, como Castilla-La Mancha, como España, merecen dar un paso adelante. Pero ese paso adelante no lo darán los abuelos políticos del hijo de Susana Díaz, porque en Andalucía, en Castilla-La Mancha y en España han demostrado que sólo saben dar pasos atrás.

Artículo de opinión de , Senador del en representación de la provincia de