Después del éxito clamoroso de La Cenicienta y La isla del tesoro, Disney y sus huestes alternaron el cine de dibujos animados con las películas de acción real. Vieron la luz Los arqueros del Rey, una de las muchas versiones que se han hecho del mítico Robin Hoodd que había brillado anteriormente gracias a la excelente interpretación de un Erroll Flynn en estado de gracia allá por 1938 y que el el remake disneyano contaba con el apuesto Richard Tood.

Al mismo tiempo tornaba a la actualidad por la adaptación de su bella narración, Alicia en el País de las Maravillas, cinta que encandiló a chicos y grandes ( en la memoria de los supervivientes todavía está presente la implacable persecución de la Reina de Corazones a punto de acabar con la vida de la encantadora protagonista… Menos mal que la niña despierta cuando su existencia pendía de un hilo ). A continuación, Rob Roy, el rebelde y Veinte mil leguas de viaje submarino, precisamente el gran Kirk Douglas cumplió el pasado nueve de diciembre sus primeros… ¡Cien abriles! Entre ellas, y Bobby Driscoll, el niño prodigio y actor preferido de Disney que en 1953 presumía de dieciséis primaveras bien llevadas ( ¡Lástima que en etapas posteriores el intérprete de La ventana se malograra! ).

Bobby fue dibujado desde todos los ángulos inimaginables por los animadores del estudio prestando voz y figura al jovencito que viajaba al País de Nunca Jamás acompañado por la dulce Wendy y sus hermanos, el hada Campanilla …y vigilado de cerca por el malévolo y peligroso Capitán . Faltaba el acontecimiento de acontecimientos: la inauguración del Parque de Atracciones Disneyland… que llegó como una bendición en 1955 en plena premier de La , otro acierto del imperio Disney con un Walt que no descansaba controlando tío vivos, máquinas y celuloide a granel, supervisando, oteando, dando órdenes… y gruñendo con frecuencia dada la responsabilidad del momento y de aquella puesta en marcha de locura ( A Disney se le llamaba el loco innovador, el genio absoluto, el de la voluntad férrea y el hombre que si se lo hubiera propuesto habría llegado a ser Santo ).

Siempre imparable trabajaba, creaba, aconsejaba, actuaba… y aparaba con gran pena proyectos que acariciaba largamente… Su Quijote cervantino, del cual se realizaron cientos de bocetos sobre las pinturas de Velázquez, no llegó a buen puerto por la extensión de la famosa novela (Tres décadas más tarde nuestro paisano haría la deliciosa serie destinada a Televisión Española). Tampoco salió a flote Destino, cortometraje con la impagable aportación de que curró de lo lindo pintando, dibujando e impresionando al Mago de Burbank.

Las que si fructificaron fueron La en 1959 ( inolvidables y Felipe, hadas Flora, Fauna y Bonanza y hada Maléfica ) y 101 dálmatas, Un sabio en las nubes, Polyanna y Los robinsones de los mares del Sur que llenaron los cines… y las arcas de un Disney envejecido que no tiraba la toalla y no recogía laureles con Merlín el encantador… pero que tornaba a la Gloria con , tras librar una batalla sin precedentes con Pamela Travers, la autora de la joya literaria que defendería a capa y espada en la pantalla la maravillosa secundada por un reparto fantástico.

Galardones, aplausos… y billetitos contantes y sonantes. La última película animada de Disney fue El Libro de la Selva, terminada meses antes de su muerte, ocurrida, como señalé en el capítulo I de este mini –homenaje, el 15 de diciembre de 1966. , el icono de los dibujos animados, se despedía de la tierra y deslumbraba y deslumbra en los supremos parajes de la inmensa Eternidad.

Valeriano Belmonte