La vitamina D es una provitamina soluble en grasas y que podemos obtener por la ingestión de alimentos que la contienen como la leche y el huevo, o por la transformación del colesterol por la exposición a los rayos solares UV. Diariamente el organismo humano precisa unas 1000 Unidades Internacionales, por su papel como reguladora del paso de calcio a los huesos, paso que no se produce si carecemos de esta vitamina, provocando su carencia el debilitamiento de los huesos.

Por lo tanto, esta vitamina resulta esencial para el desarrollo del esqueleto. Sin embargo, en dosis muy altas, su efecto se torna negativo puesto que puede conducir a la reabsorción ósea. El aporte de esta vitamina procedente de la exposición solar es insuficiente, sobre todo en invierno. Si tenemos en cuenta que también el aporte en nuestra dieta suele ser insuficiente, no debe resultarnos extraño encontrar alimentos que ya vienen enriquecidos con esta vitamina. Los alimentos más comunes con mayor contenido de vitamina D, son las sardinas en lata, la yema de huevo y la mantequilla.

La población española, a pesar de que vivimos en un país con una irradiación solar moderada, presenta frecuentemente niveles deficientes de vitamina D. En ese déficit intervienen diversos factores, como las horas que pasamos bajo techado en lugar de hacerlo en la naturaleza, o la poca radiación solar que recibimos en invierno. El tiempo de exposición solar necesaria para garantizar un aporte suficiente, variará según la latitud en que este situado el país en que vivimos, y hay que tener en cuenta que las pieles bronceadas producen menos vitamina D, porque la melanina actúa como de filtro solar para protegernos del exceso de sol.

La exposición al sol acaba siendo perjudicial para nuestra piel, por lo que el punto de equilibrio entre beneficio y riesgo es difícil de situar. Todo nos lleva a afirmar, que puesto que no podemos exponer nuestro cuerpo al sol todo el tiempo necesario para producir la cantidad de vitamina D suficiente, con carácter general necesitamos un aporte suplementario, y a su importancia hay que unir que recientes publicaciones, atribuyen un nuevo papel a la vitamina D en relación con el colesterol.

Entre los factores de riesgo cardiovascular, uno de los más importantes está representado por los lípidos, aunque vulgarmente lo identificamos con uno de ellos, el colesterol. La prevalencia de individuos que presentan cifras elevadas de lípidos en sangre entre la población general española, se encuentra en torno a un tercio de la población, lo que convierte a este factor de riesgo cardiovascular en uno de los de mayor prevalencia, superado solo en algunos estudios por la hipertensión arterial. Lo que hoy no está en discusión es que presentar cifras elevadas del comúnmente llamado “colesterol malo” (el cLDL) en sangre, es altamente frecuente en los pacientes con enfermedad cardiovascular y ello le confiere una especial relación con la cardiopatía isquémica.

Las cifras hablan por sí solas, y hoy sabemos que en el año 2015, se produjeron 422.568 defunciones en España, de las cuales 124.235 fueron causadas por enfermedades del sistema circulatorio (29.4%), convirtiéndose en la primera causa de muerte en nuestro país, por encima del cáncer (26.4%) y de las enfermedades del sistema respiratorio (12.3%). El tratamiento de las cifras elevadas de colesterol en sangre, se realiza con unas sustancias denominadas Estatinas que fundamentalmente reducen la concentración de la fracción colesterol cLDL, cifras que siempre podemos seguir reduciendo, puesto que es la única variable de la que se puede afirmar que tener un umbral inferior siempre está ligado a beneficio, o que reducir sus niveles implique un aumento del riesgo.

Este tratamiento con Estatinas en muchas ocasiones tiene como efecto secundario la presencia de dolores musculares. En los ensayos clínicos, entre un 1% y un 2% de los pacientes que toman, pero es mucho más alto en la práctica clínica pudiendo presentar mialgias hasta el 20% de los pacientes. El mecanismo para las mialgias relacionadas con Estatinas no se entiende completamente, pero la vitamina D se ha especulado que puede desempeñar un papel importante en que esas mialgias no aparezcan. Ahora conocemos algunos ensayos clínicos y estudios observacionales, en los que se han producido resultados mixtos en términos del efecto real de las Estatinas sobre los niveles de vitamina D.

Varios estudios retrospectivos han demostrado que niveles de vitamina D bajos están asociados con un mayor riesgo de mialgia inducida por Estatinas. Uno de los últimos ha sido un estudio realizado por Shantha y colaboradores que acredita que pacientes con niveles bajos de vitamina D tenían un riesgo 1,21 veces de sufrir mialgias inducidas por las Estatinas en comparación con aquellos que presentaban niveles más altos de esa vitamina. Si a estos datos los relacionamos con el hecho de que cuando existe un déficit de vitamina D, también suele aparecer una clínica con síntomas de dolores musculares, e incluso se ha especulado que las Estatinas pueden afectar los niveles de vitamina D, puesto que si el LDL colesterol es un portador de vitamina D, y las Estatinas reducen el LDL colesterol, no es extraño suponer que las Estatinas pueden disminuir los niveles de vitamina D. Todo ello hace que posiblemente estén justificadas las opiniones que ven una relación entre ambas situaciones clínicas.

Aunque no todos los estudios han encontrado una asociación entre niveles bajos de vitamina D y mialgia, sobre todo en los estudios de evaluación de los pacientes con síntomas confirmados que es causada por las Estatinas. Las discrepancias pueden deberse a la naturaleza inespecífica de los síntomas musculares. Todo sugiere que evaluar y tratar los niveles bajos de vitamina D (rango normal de 60-70 nanogramos/ ml) puede valer la pena considerarlo antes de iniciar o reiniciar el tratamiento con una Estatina. También otros estudios sugieren una relación entre vitamina D y diabetes tipo 2, puesto que está acreditado que niveles bajos de vitamina D son comunes en personas con resistencia a la insulina (síndrome metabólico), aunque los suplementos de vitamina D no han mejorado su sensibilidad a la insulina.

En cualquier caso, unos niveles de vitamina D óptimos deben ser un objetivo en las consultas de atención primaria, y especialmente en aquellas situaciones donde sabemos que existe el riesgo de presentar un déficit de la misma, tales como en mujeres al final del periodo de fertilidad, y en aquellas situaciones donde ese déficit este acreditado como efecto de un tratamiento farmacológico, o situaciones que generen su déficit como exposición solar limitada, enfermedad celíaca o resecciones gástricas o del intestino delgado.