¿Cómo escapar al cotilleo? Difícil: Una princesa que ama el deporte; un deportista que ama el principado; una boda cuasi real y un mundo palaciego por delante. Organizar fundaciones y empresas para gloria y favor de unos y otros es un compromiso noble para con los otros. Dejarse querer y amar por quienes quieren colaborar en un mundo inteligente (nóos pudiera significar inteligencia –vouÇ-) es un honor al que no todos tienen acceso: Podrás acceder a esta altruista función, si presides un municipio o una comunidad –nación o nacionalidad- , diriges un departamento gubernamental o el gobierno de un Estado, entonces sí.

En Gürtell lo saben bien. Ostentar un principado o adquirir un duquesado hacen a la persona adecuada para liderar una causa noble y para tejer una red que engarce brillantes beneficios en torno a sí. Eso enamora. Cuanto más, si acondiciona él la vivienda que se aviene a compartir contigo, orna las fiestas de los hijos que se ha avenido a engendrar juntos, brilla en las más altas instancias, incluso con brillo más esplendoroso que el de una heredera de un Reino. Eso engendra ciego amor.

En España, curados de los amores clásicos de la poetisa Safo, quien, por amor desdeñado, para morirse, se adentró en el mar y cinceló sobre aguas: “Mare Nostrum”. En el mismo que se baña en , y en el español, amén de bañar el norte del continente africano, desde a , en España, digo, hemos legalizado la hermosa metáfora del amor lucrativo. Nada vale más que el real amor. Esta es la gran lección de derecho en estos días. La princesa está triste porque no se le entiende enamorada de un ingenio y de su lucrativa e inteligente obra. Porque ¿qué otra cosa es nóos sino la inteligencia del lucro?

Artículo de opinión de - Ex profesor de Filosofía