FORMADOS EN CONSERVATORIOS

No es normal ver a músicos con formación académica en las músicas raíz, pero parece que debemos ir acostumbrándonos a ello. Ambos son muy jóvenes, nacidos y curados en Albacete y provincia, apenas sobrepasan los 20 años y están a menos de un año de acabar sus estudios musicales reglados. Antonio ha hecho la especialidad de guitarra flamenca en el Conservatorio Superior de , aunque previamente estuvo cuatro años en con el pedagogo, compositor y guitarrista flamenco , Bordón Minero de la Unión. Fran lo ha hecho en el Conservatorio Provincial de Albacete, donde ha estudiado composición, piano, violín ¡y sepa dios qué más cosas!

Ambos pertenecen a un generación de jóvenes sin complejos, que se atreven a todo y se crecen en el escenario. Con una visión muy clara de la función social de la música y de las y los músicos.

EL ENCUENTRO

Me encuentro a este par de dos a la salida de la actuación “La Pasión de Cristo” que esta semana santa tuvo lugar en el Auditorio de Albacete, con música del guitarrista , sobre la que Antonio y Juan a la guitarra y al violín, respectivamente, improvisaron por exigencias del guión. Quedamos en vernos en una cafetería de nuestra ciudad. De la tertulia que tuvo lugar doy testimonio.

JALEO: Antonio por fin te has puesto nombre, la ultima vez que hablamos te llamábamos Toni y todavía estabas sin “bautizar” artísticamente.

ANTONIO: Sí, lo de “de Juan” es porque nos juntamos en familia y con la guasa de: “a ver qué nombre te ponemos, que te vas haciendo mayor”… La cosa salió por el nombre de mi abuelo, el padre de mi padre, porque el flamenco entró en casa por él y además mi abuela dice que me parezco mucho a él físicamente cuando era joven y en muchas expresiones. A mi me da algo de vergüenza porque, me digo: «cuando llegaré yo a la nobleza y solemnidad de ese hombre».

JALEO: O sea que es a la vez un bautismo y una meta: solemnidad como artista y nobleza a la guitarra.

ANTONIO: Tú lo has dicho.

JALEO: ¡No te lo has puesto fácil!

ANTONIO: No, desde luego.

TOCANDO EN DIRECTO

De Fran sé pocas cosas en realidad. Lo conocía de referencias por Antonio que siempre me dice: «tengo un colega que es un “pepino” lo tienes que oír» y confieso que fue unos de los muchos alicientes de ir a la actuación citada, además de escuchar la emotiva composición del guitarra Juan Rodriguez y de comprobar la evolución moderna de la saeta flamenca a cargo de Yaraví Serrano, -realmente emotiva e intensa en sus tres últimas saetas- y poder compararla con la saeta clásica de Paco Ruiz, además de un atinado Jonathan Fernández a la percusión.

Para quien no lo sepa, un “pepino” en el argot, es un virtuoso que, además de venirle bien cualquier música o compás que surja, es capaz de establecer un diálogo con el resto de instrumentos cuando la música entra en fase de improvisación. Que es casi siempre.

JALEO: Fran, yo el otro día en la actuación te vi que fuiste poco a poco a más. Con el tiempo te fuiste encontrando más cómodo o fue por alguna otra razón? FRAN: En un concierto con Antonio siempre estoy muy cómodo. Llevamos muchos años tocando juntos. Aunque gran parte de mis intervenciones fueron improvisadas, la música estaba supeditada a la escena, y en este caso, la trama instrumental también iba de menos a más tensión.

ANTONIO: Sí, todo iba muy improvisado, pero le hice un bocadillo de jamón (risas) y Fran salió… ¡pà comérselo!

FLAMENCO / MÚSICA “CULTA”

JALEO: Fran ¿cómo llegaste al flamenco?

FRAN: Mi primer instrumento fue el violín. A partir de los 11-12 años empecé a tocar otros instrumentos como el piano y la guitarra y a tocar los fines de semana con un grupo de amigos entre los que estaba Antonio. El flamenco lo conocía poco, no lo vivía ni en casa ni en el entorno familiar. Realmente vi un mundo enorme y muy rico cuando conocí a Antonio..

ANTONIO: Sobre todo el concepto de improvisación que es tremendo. La percepción rítmica, la importancia que tiene el ritmo en el flamenco.

FRAN: Sí. Todo esto en nuestras culturas musicales tanto populares como “cultas” -entre comillas- o clásicas, no aparece.

JALEO: ¿No os os da la impresión que la coletilla: «culta», oculta algo?

FRAN: Digo cultas, no sé cómo llamarlas…académicas porque se estudian en los Conservatorios y allí es donde se creó la escuela que abarca músicas de varios periodos. Algunas personas sí que pueden tener un poco de desprecio a otras músicas populares, pero conforme avanza el tiempo, cada vez son menos. En mi caso, que soy músico académico, para nada desprecio otras músicas populares. Concretamente, el flamenco puede llegar a superar a la “culta” en muchos aspectos de complejidad técnica o compositiva e incluso sensitivos.

ANTONIO: ¡Qué bien nos está dejando! -dice Antonio con tono de satisfacción-(risas).

Con las músicas raíz como el blues, el flamenco, el jazz, la salsa, etc. suele pasar que ha pesar de estar ya instaladas en los Conservatorios de música desde hace alguna década, no alcanzan la categoría de «cultas» debido, por un lado a su origen plebeyo-marginal y étnico-minoritario. Y por el otro, a que al ser producto de una tradición cultural de transmisión oral, la academia tiene un control casi nulo sobre los códigos y contenidos que determinan su estructura, lo que hace imposible su patrimonialización y es dudoso que quiera hacerlo porque solo atienden a músicas elaboradas por y para el poder, sea de la Corte o de las Iglesias jerárquicas que, salvo honrosas excepciones, ya tienen un filtro grande de censura o autocensura. En este sentido, la utilización de la escritura musical -partitura- solo es una disculpa que apenas disimula el tufillo clasista, eurocéntrico y claramente racista con que el término «música culta» trata de invalidar otras músicas (que -por manipulación semántica-, se supone, deberíamos considerar «no-cultas»).

EL FLAMENCO: MÚSICA DE INTENCIONES Y AUTENTICIDAD

ANTONIO: Ocurre una cosa en el flamenco con lo sensitivo que dice Fran, como en otras músicas de raíz: el blues o el jazz… y es que, muchas veces el producto no es lo más importante. Es decir, una voz bonita, alguien que técnicamente es perfecto tocando la guitarra o bailando. Lo más importante no es el producto que sale sino el trasfondo que hay detrás.

Muchas veces cobra más importancia la intención (esta idea es clave para la forma de ver que Antonio tiene del flamenco y la repetirá en repetidas ocasiones a lo largo de nuestra tertulia) del interprete, que tú al verla la captas, es algo sutil. En la música académica nos basamos en el producto, es decir una escala, unas notas que suenan y punto. En el flamenco generalmente no se le da importancia a la limpieza, al sonido pulcro o a que salga…

JALEO: Permíteme Antonio que te haga ver una posible contradicción entre lo que estás diciendo y tú forma de tocar que es muy limpia, muy pulcra. Le das mucha importancia a la técnica…

ANTONIO: Sí, pero eso yo lo hago como una especie de artesanía, de respeto a esa madera y porque -dicen- saca lo mejor de ti. Pero sabiendo que hay que sacar un sonido limpio, como la sociedad pide, creo que lo realmente importante es la intención que hay detrás. Por ejemplo, un gitano tocando la guitarra …

JALEO: Bueno normalmente los gitanos no buscan tocar “limpio” (o sea, separando nítidamente unas notas de otras para poderlas leer como en una en una partitura, sino que muchas veces las agolpan en una especie de síncopa musical, de manera parecida a como usan el lenguaje, lo que refuerza una sonoridad singular. Igual sucede en la música negra), buscan transmitir emoción y dan muchísima importancia a lo que ellos llaman el «compás» que no solo es la medida y los acentos rítmicos sino los recursos y las armonías musicales necesarias para lograr una expresividad determinada.

ANTONIO: ¡El «soniquete»! Sobre todo cuando conoces al interprete a mi lo que me llega de una bailaora cuando da dos golpes, no son solo los dos golpes si no con qué intención los da. Eso es lo que más me llama la atención del flamenco que es una música de intenciones. Muchas veces un quejío no tiene porqué ser bonito pero te llena y te duele porque sabes la intención y conoces a esa persona.

FRAN: No sé si me equivoco pero muchas veces además de la intención está la autenticidad. En la música clásica se centra mucho las cosas en lo que suena. La escenografía consiste en una persona delante de un atril recreando una partitura. En el flamenco y sobre todo en los gitanos viven esa cultura desde que se levantan hasta que se acuestan y en escena muchas veces en la gestualidad, en especial la facial, se ve su autenticidad, su manera de expresar. El flamenco no recrea la música, la crea cada vez.

ANTONIO: Quiero aclarar que hay gitanos que tocan muy “limpio” , para mi tiene especial interés la : José Jiménez el Viejín, David Cerreduela, el Joni Jiménez, Ramón Jimenez, Jesús del que me muero con él, Paquete (hace un gesto como diciendo que la lista es mucho más extensa). Dentro de esa escuela madrileña, también entraría aunque sea de Jerez. Para ganarse la vida, artistas de Madrid, pero también de Andalucía, ya en el siglo XIX se instalaron allí. En barrios como Villa Rosa, un barrio muy castizo es donde comenzó la profesionalización flamenca. En los años 60-70 hay otra oleada de andaluces: , Camarón, Cepero, , etc. Y empiezan a surgir jóvenes obsesionados con las técnicas de Paco, fundamentalmente gitanos y, sobre todo, del barrio de Caño Roto, hoy un centro neurálgico de la guitarra.

Como se toca allí no se toca en otros sitios, porque se junta la obsesión técnica con las nuevas armonías que entran a la capital de la mano de Paco, del jazz, y más tarde del free-jazz, pero sin perder flamencura (sincopa de flamenco y jondura).

Qué importante es el «flamenco de barrio», para la formación de nuevos y viejos públicos. Dinamizar un ambiente social en torno al cante, toque, baile, percusiones y los jaleos permite que aparezcan artistas como setas y un público exigente.

A caballo entre lo que son viejas o renovadas percepciones del flamenco su «autenticidad» y lo que posiblemente sea resultado de una reciente evolución acerca de la «intención» o el «conocimiento del intérprete». Esos conceptos parecen tener un denominador común: el flamenco en su desgarro, habla en primera persona del singular, aunque su grito sea el de la madre-Tierra.