La disyuntiva entre cambiar el sistema o someterse es algo que siempre se ha planteado en la historia. El cambio del lenguaje, el ocultarse tras palabras dóciles, el pensar que ya llegará el momento y que hoy lo fundamental es el voto, no lleva más que al sometimiento al poder económico. La historia ha tropezado muchas veces en esa piedra. En 1982, el PSOE llegó con promesas y dulcificando el lenguaje. Marcelino Camacho, alertó en este articulo, de las dos alternativas.

“Si nos plegáramos ante las dificultades y la oposición de los poderes fácticos, tendríamos el cambio posible, insuficiente, y el nuevo desencanto. Si unimos a todos los partidarios del progreso en torno a un plan o programa de solidaridad nacional y de clase, tendremos el cambio necesario para consolidar la democracia, frente a golpistas y terroristas, y para dar una salida progresiva a la crisis. Despertaríamos el entusiasmo de nuestro pueblo, seríamos capaces de desplazar montañas, venceríamos la resistencia de los sectores oligárquicos.” El Cambio Posible y el Cambio Necesario (El País 18.11.1982).

Doce años más tarde el felipismo se había integrado plenamente. Hoy la situación se repite con el PP. La corrupción y el sistema capitalista van unidos y abordar la corrupción sin profundas reformas que limiten la impunidad de los especuladores es engañar a los trabajadores que son la mayoría de los ciudadanos. Tras las múltiples cortinas de humo, las viejas y las nuevas, hay un retroceso de los derechos y las condiciones de vida de los trabajadores. Tras esta crisis austericida no se esconde nada más que un duro retroceso de las condiciones de vida de los trabajadores. Por la ventana se han ido miles de acuerdos de convenios, con largas luchas y huelgas para conquistarlos. Hoy se trabaja por un 30 por ciento menos de lo que se hacía hace diez años. La destrucción de la gran empresa y su fracturación en cientos de miles de pequeñas solo tenía un objetivo reducir derechos y salarios, con ello el capital se aseguró el beneficio para una nueva década. La crisis financiera fue el siguiente paso. En otras épocas crisis de esta naturaleza se resolvieron con guerras y destrucciones. Cuando el Felipismo, después de someterse al sistema, entró en su márgenes de corrupción, Marcelino escribió estas líneas y pedía una solución solidaria: la reducción de jornada y aumentar el valor añadido de lo que producimos.

…”Creo que es bueno recordar a unos y a otros lo que decía Layret, abogado laboralista catalán de comienzos de siglo: “Cuando los trabajadores hacemos huelga, no es que no queremos trabajar, es que queremos trabajar en mejores condiciones”. Ahora podríamos agregar: queremos mantener las condiciones de trabajo que tenemos y el empleo. La mayor parte de las huelgas ahora no se hacen pidiendo más remuneración, sino empleo, trabajo, y no hacerlo en peores condiciones; esto en un país que según Fundación Argentaria tiene el 20% de los hogares y 7 millones de españoles viviendo en el umbral de la pobreza. Trabajar menos horas para trabajar todos en la medida en que aumenta la productividad, es lo que hemos hecho a lo largo de la historia de la Humanidad.”

…”Es por todo lo anterior, que, insisto, no se puede tener docilidad ni resignación; movilización frente a la corrupción, el felipismo-pujolismo y sus aliados del gran capital financiero-especulador nacional e internacional.” Ni docilidad ni resignación, movilización. FRENTE A LA CORRUPCION, EL FELIPISMO-PUJOLISMO Y SUS ALIADOS. (ABC 2-10-1994).

Se cumplían 20 años de la muerte de Franco, ahora se van a cumplir 40 años. Ya la vida de una generación. Hoy podemos decir que la democracia no solo ha retrocedido sino que además se ha destruido el incipiente estado de bienestar. Porque para mantener las conquistas básicas del ser humano hoy es necesario un nuevo reparto de la tarta de la riqueza y los más ricos y oligarcas deben ceder buena parte de sus ganancias. La crisis económica no es más que la reacción de la oligarquía a reducir sus beneficios y para ello optan por llevar a la miseria a millones de seres humanos. El instrumento en su momento fue el felipismo y hoy es Rajoy y la derecha con la Unión Europea de los especuladores y no de los europeos. El fracaso del neoliberalismo que hablaba Marcelino hace 20 años. No fue el único pero muchos no quisieron ver lo que IU y el PCE ya denunciaban. Hoy es la realidad la que lo demuestra.

“El felipismo-pujolismo, en colaboración con el gran capital, especialmente especuladores y banqueros, han llevado a España a una quiebra total de valores éticos, políticos, sociales y económicos, que amenaza el futuro de la democracia en un país en el que nunca más habrá pleno empleo, ni plena libertad, si no acabamos con las causas y desplazamos a los causantes, haciendo elecciones generales ya y profundas transformaciones”.

La autocracia, el felipismo-pujolismo, la corrupción, el paro a los niveles que conocemos, la crisis financiera, es el paso del Estado de semi-Bienestar al Estado de Beneficencia, que tampoco se podrá sostener mucho tiempo. Estamos ante un nuevo ciclo político-económico por el fracaso del neoliberalismo, y necesitamos soluciones nuevas de progreso, profundas transformaciones, que exigirán una toma de conciencia y movilizaciones, para acelerar la consulta al País, y avanzar hacia la regeneración y el pleno empleo”. 20 Años después. DE LA DICTADURA, AL ESTADO DE SEMI-BIENESTAR, Y DE ESTE AL DE BENEFICENCIA. (ABC Noviembre 1995).

A los cinco años de su fallecimiento, Marcelino Camacho, sigue siendo el mismo gallo peleón, y más útil que conmemorar fechas es reflexionar sobre cuestiones que en su día no se quisieron ver y que la realidad nos pone en los ojos. Por ello estas líneas no glosan una figura sino unas ideas.

Artículo de opinión de Marcel y Yenia Camacho Samper, hijos de Marcelino Camacho; y Aurora Maza