Fui a Nerpio para visitar en su primer día un curso de formación para el empleo que comenzaba en esta entrañable localidad situada a dos horas de la capital, aunque como su alcalde Joran dice, la que está alejada de Nerpio es la ciudad de Albacete.

El objetivo que la acción formativa persigue es que el alumnado, adquiera competencias de lengua, matemática y también competencias digitales básicas para poder continuar avanzando en su itinerario formativo y profesional y les sirva para desempeñar una profesión en su comarca.

La ilusión de las distintas personas que habían empezado el curso era grande y nos sirvió para seguir defendiendo que el servicio público tiene que llegar a todos los rincones de nuestra provincia y de nuestra región. La formación para el empleo también. Ha sido importante el esfuerzo presupuestario y técnico realizado por el la Mancha para que a distintas localidades de la Sierra, llegue una formación potente de la mano de la Consejería de Economía, Empresas y Empleo en estos dos últimos años. Localidades como Yeste, Molinicos, Liétor, de la Sierra, Socovos, Alcaraz, Bienservida, Bogarra, Viveros, El Ballestero, Peñascosa, Riópar y ahora también Nerpio se están beneficiando de estas inversiones de casi millón y medio de euros en formar a capital humano, a las personas.

Ha sido la voluntad política la que ha posibilitado pasar en esta Provincia de algo más de 5 millones de euros de inversión en formación para el empleo a más de 15 en solo dos años y medio (no incluyo las inversiones realizadas en políticas relacionadas con el Plan Extraordinario de Empleo, cuya cuantía es aún muy superior). Sabemos que en política la capacidad de memoria juega en el corto plazo, a lo que ayuda extraordinariamente la tergiversación informativa, pero aconsejo que se acuerden de estos datos objetivos que estoy trasladando a quienes sufrieron de primera mano los recortes sin fuste de Cospedal y su séquito.

Una de las alumnas del curso que visité en Nerpio, Marina, que reside en La Dehesa, pedanía cercana a Nerpio, me contó con desparpajo lo que ha supuesto e iba a suponer la formación para ella. Hace unos años pudo realizar un curso de atención sociosanitaria a personas dependientes. Ella, que lleva 11 años cuidando a su madre que está postrada en una cama, sabe de la necesidad que existe de profesionalizarse en esta actividad.

Pero además, a ella le sirvió para poder salir del entorno cerrado en el que estaba conviviendo durante años. Me dijo que el mes de prácticas que realizó en un centro de mayores en un pueblo cercano había supuesto como unas vacaciones para ella, que llevaba mucho tiempo sin salir de su aldea. Me trasladó que además le había servido para poner la cabeza a trabajar, a pensar, a demostrar que era capaz de superar el contenido del curso y le sirvió para dar también una lección de superación a su entorno. Ahora se había inscrito en esta nueva acción formativa, de la que le interesaba fundamentalmente el módulo formativo relacionado con las competencias digitales. Quiere saber usar bien un ordenador y a partir de ahí, seguir mejorando sus competencias profesionales y entender mejor al mundo que la rodea.

Le pregunté si todo lo que me estaba contando, yo lo podía trasladar en un artículo y me dijo que sí. Que estaba orgullosa de ella misma y quería que muchas otras personas lo supieran y sirviera de ejemplo.

Estas historias individuales que están detrás de las historias colectivas, son las que también nos animan a seguir trabajando con el convenimiento de que es con los servicios públicos adecuados y dotados de presupuesto, con los que se podrá ir ganando la batalla a la desigualdad que ha aumentado en los últimos tiempos en los que nos dicen que se salió de la crisis económica, política y social. Marina, este artículo y el impulso de las políticas públicas que seguiremos promoviendo van por ti.