Castilla-La Mancha, con una superficie cercana a los 80.000 km2, tiene la mitad de su territorio de uso agrícola, siendo forestal la otra mitad, salvando un escaso 3% de superficie artificial, compuesta por los núcleos urbanos y las infraestructuras de transporte.

Sin embargo, hace menos de 10.000 años casi todo el terreno era forestal, pero la expansión de la especie humana, especialmente a partir del Neolítico, hizo que muchos bosques se talaran para propiciar zonas para la agricultura. La deforestación se acentuó en la Edad Media para evitar las emboscadas en tiempos de guerra, que eran casi siempre. El remate fue la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, quedando como sin talar únicamente los bosques que los ingenieros de montes incluyeron en el Catálogo de Montes de Utilidad Pública, protegiéndolos de una desaparición más que probable.

Así, los bosques han ido quedando relegados a las montañas, que ocupan fundamentalmente la orla de nuestra región y las cadenas intermedias de esta como son los Montes de . Hay excepciones entre las que destacan los encinares de la Mancha, los pinares de pino piñonero de la Manchuela, los sabinares del y los bosques galería de las riberas de nuestros ríos. A pesar de haber perdido terreno, los bosques siguen siendo el lugar donde se desarrollan los procesos ecológicos claves para garantizar el mantenimiento de la vida y de la conservación de la naturaleza. Las todavía extensas áreas forestales, suponen un freno ante el cambio climático y al avance de la desertificación. Así, producen un aumento de la infiltración del agua de lluvia y regulación de caudales, freno de la erosión, incremento de la biodiversidad, refugio y alimento para la fauna, lucha contra el cambio climático y diversificación del paisaje rural. Estas funciones pueden potenciarse mediante la recuperación de enclaves forestales en zonas agrícolas. De estos beneficios ambientales generados por los bosques, y por los montes en general, se hacen partícipes los terrenos de cultivo en ellos enclavados o bien situados aguas abajo del monte que los protege.

La dehesa es un exponente de la conjunción entre lo agrícola, lo forestal y lo ganadero. Así las tierras de labor, la leña que dan los resalveos y podas de las encinas y otros Quercus, las bellotas y pastos que alimentan al ganado y el refugio contra las heladas en invierno y contra el sol del estío conviven en armonía formando un ecosistema y estable propiciado por mano del hombre desde la antigüedad. Su belleza paisajística es una de las piezas claves del escenario mediterráneo.

Chopos y nogales son un ejemplo de árboles que están a caballo entre lo forestal y lo agrícola. Los primeros, aprovechados a turnos cortos de entre 10 y 15 años y los segundos a turnos más largos, vegetan sobre suelos húmedos en los sotos de los ríos o bien en vegas con regadío.

Otro ejemplo importante de uso complementario del medio rural ha sido el Programa de Forestación de Tierras Agrícolas. La forestación de tierras agrícolas enlaza la agricultura con la selvicultura y posibilita la diversificación de actividades en el mundo rural. En Castilla La Mancha la superficie forestada al amparo de este programa en el periodo 1993-2011 ha superado las 130.000 has, que se traduce en más de 100 millones de nuevos árboles. A nivel nacional se han reforestado más de 750.000 has de terrenos agrícolas fundamentalmente terrenos marginales.

Respecto a la caza, muchos cazadores son agricultores y viceversa, compartiendo trabajo y afición. La caza no conoce fronteras entre el monte y los terrenos de cultivo, en ambos vive y se alimenta. Ahora bien, entiendo que es muy difícil pretender ir al 100% de rendimiento económico en la caza y en la agricultura a la vez en un mismo territorio, ambas tienen que ceder un poco para posibilitar su entendimiento, me refiero a los daños que causa la caza en los cultivos y árboles agrícolas, especialmente los conejos en caza menor y los jabalíes y cabras monteses en la mayor. Para ello hay habilitadas medidas de control habilitadas desde la Consejería de Agricultura, y como los descastes y los permisos para aguardos.

La propia Red Natura 2000 en Castilla La Mancha se extiende también a caballo entre tierras arables (donde están las ZEPAS estepáreas) y montes, aunque se corresponde más bien con zonas forestales y montañosas, en las que se debe hacer un esfuerzo para incorporar lo forestal al mercado. Estas zonas están clasificadas en los instrumentos de desarrollo rural sostenible como “a revitalizar”. Por tanto, en ellas no basta con proteger los valores intrínsecos al bosque. Se trata de que él habiten y prosperen los habitantes del medio rural.

Pero la agricultura también contribuye a lo forestal: los bancales enclavados en el monte son una discontinuidad para la propagación de los incendios forestales y facilitan su extinción. La estructura en mosaico se ha demostrado eficaz como defensa pasiva ante el peligro de los incendios forestales, hoy en día el principal peligro que los amenaza.

Las vías pecuarias, bienes de dominio público de la JCCM, por su gran longitud, constituyen pasillos o corredores ecológicos que interconectan distintas áreas de distribución de especies animales y vegetales, agrícolas y forestales, con una gran importancia para la conservación de la biodiversidad.

Pasando a los instrumentos normativos la LOTAU, Ley de Ordenación del Territorio y de la Actividad Urbanística, aúna dentro del suelo rústico (protegido o de reserva) a los montes y a los campos poco productivos, diferenciándolos del suelo urbano y del suelo urbanizable.

Ya en los pueblos, donde vive la verdadera gente rural, con mérito por cierto, tenemos a unos agricultores, ganaderos y selvicultores que entienden mejor que nadie el sentido de “aprovechar conservando” y muchos de ellos tienen parte en los tres sectores.

En el aspecto formativo, las Escuelas de Ingenieros Agrónomos y de Montes llevan esta unión en su propio nombre donde los técnicos que de ellas salen tienen una formación agraria en su conjunto, con una perspectiva del medio global e integrada. Finalmente, en el plano institucional, la Consejería competente en estas materias se denomina de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, trilogía que tiene que impregnar la gestión del territorio.

Fco Javier Carmona García

Dr.

Director General de Desarrollo Rural