Estamos en 1960 y los amantes del séptimo arte lo pasamos de bandera asistiendo a los estrenos de dos superproducciones memorables: Los Diez Mandamientos en el cine Gran Hotel y La vuelta al mundo en ochenta días en el Teatro Circo que baten récords de audiencia y forman colas interminables en la Plaza del Altozano , que en la época se llamaba del Caudillo, y en las calles Gaona e . Por otra parte, la primera oficina de la Caja de Ahorros Provincial se prepara para abrir sus puertas en breve y atender a una inmensa clientela.

También se construye a destajo el nuevo estadio municipal de deportes. Pero a los que nos entusiasman los tebeos de humor seguimos con entusiasmo e interés la evolución de Mortadelo y Filemón gracias a papá que amplía su producción y alterna las peripecias de los “desinformados” agentes de información con las correrías de La Familia Trapisonda, Felisa y Colás, La historia esa vista por Hollywood, Claro qué… y Ande, ríase usté con el arca de Noé, colaboraciones destinadas a El Capitán , Can Can y El Campeón de las Historietas, claro que como los protagonistas son Mortadelillo y Filemoncete me detengo en el Pulgarcito número 1506 que consta de veinte páginas en blanco y negro y color y se vende a dos pesetas y cincuenta céntimos y os cuento que el jefecito de la empresa le ordenaba a gritos a su ayudante que le llevara el periódico.

El “esclavo” , disfrazado de perrito obediente y sumiso ( a la fuerza ahorcaban ) le entregaba La Bola, diario de la mañana, tarde, noche y madrugada que anunciaba la venta de 300 metros cuadrados a la orillita del mar… por solo 10.000 pesetillas.

Razón en calle Pi. Filemón pensaba ilusionado edificar un chalecito junto al océano y revisaba rápidamente la caja de caudales ( una hucha o alcancía repleta de monedas de antes de la guerra ). La rompía en la frente de Mortadelo, cogía el dinerito y volaba a la sede del vendedor en una litera conducida por el mártir de la caridad, o sea por Mortadelito que utilizaba el disfraz de nipón para la ocasión.

El “empresario” agarraba las 10.000 pelas y salía a toda pastilla hacia Madagascar… y los chavales de Ibáñez en vez de hallar el lugar de ensueño despertaban a la realidad y se convertían en dueños de 300 piedrecitas flotando en un mar embravecido y revoltoso. Tras el consiguiente chasco ,el personaje principal de la serie, se vestía de chino timado envidiando a la Petra de Escobar que le rendía honores a su señorita Patro con ostras para celebrar el cumpleaños feliz del ama rubia y soltera, por cierto que la portada de la revista corría a cargo de , treintón adoptado por Segura.

Tampoco se dormían en los laureles Margarito Celemín, el vendedor pillín de Sanchis, ni Pascual, el criado leal de Nadal, ni Tribulete, Doña Urraca, Las Gilda, Sófocles, Carioco, El caballero Simón, Gordito Relleno y Cataplasma… Trueno en el centro del semanario y casi al final la Exposición de de 1929 con Monjuich, el jardín encantador con sus alegres fuentes, artística estatua y floridos parterres en un escenario fantástico inaugurado por el rey Alfonso XIII ( J. Blasco realizó las exquisitas viñetas). Y por hoy nada más, lectorcillos de La Cerca os despido hasta una semanita o hasta que queráis porque la última palabra la tenéis vosotros ¡Claro que sí! ¡Un abrazo, amiguitos!

Valeriano Belmonte