En febrero de 1971, tras las intensas nevadas y los hielos polares que había sufrido Albacete, semanas antes, Mortadelo aparecía en la portada de su revista juvenil con larga melena, guitarra eléctrica y voz de tenor proclamando que pensaba presentarse al “Festival de Beniduerme”, parodia, naturalmente, de un en la cresta de la ola con sus rumbosos y sonados festivales.

El agente secreto de la T. I. A. desgranaba a pleno pulmón que “tenía tanta penita y tanto dolor que moría, amigo doctor”. Lo único que lograba con el “muuuu” repetido era que lo escuchara una vaca lechera y subiera los veintisiete pisos del inmueble por la escalera, ya que el ascensor no funcionaba por causas desconocidas, y le regalara caricias, piropos y más cosillas, rendida y enamorada del cantante melenudo.

Terminada la “romántica” secuencia, Mortadelo y Filemón subían a un cochecito cargado con carburante especial inventado por el primero… y a las pocas viñetas los vecinos de la zona oían un estruendo de película de la Metro cayendo acto seguido el “seiscientos” y los ocupantes al mar rebelde y bravío yendo a parar a lomos de una ballena peor que la de “Pinocho” y, por supuesto, decida a defenderse de la agresión de los mozos de Ibáñez que , pasado el peligro, recibían órdenes del “super” urgentísimas y tajantes para atrapar al escurridizo “Chapeáu y Esmirriau “.

Trocado Mortadelo en borrego camino del matadero y siempre acompañado por su inseparable Filemón, se topaban con el emisario de la organización aereoterráquea que les lanzaba que había recibido el encargo de comprar dos ataúdes, uno de dos metros y el otro de metro y medio, justito lo que medían ellos -“qué casualidad” -. “Animados” pues derechitos al cuartel general redactaban sus testamentos… y en interior de la fortaleza intentando no dar un paso en falso ( daban dos ) Mortadelo tropezaba en la alfombra y hacía añicos el talismán del súper con el consiguiente disgusto del propietario, el cual “agradecido” le obsequiaba con canela en rama, pimienta, clavo, cominos en grano y molidos, ajo, orégano, tomillo, romero, perejil y mamporros a diestro, siniestro y “tentetriesto” …porque después del talismán se cargaba el cronómetro y diecinueve utendilios.

Carreras a ciento novena ( en la huida le llovían cimitaras, flechas, lanzas, dagas, martillos y dagas ). Mortadelillo asustado , sin pelos en el flequillo y sonido acompasado y “disfrazao” de canguro sin pensar en el futuro se escondía como podía en un solar inquietante, lóbrego y abandonado de la calle del Boñigo sujetándose el ombligo.

El súper no se fiaba del fiel desinformador y lo seguía en su cochazo que quedaba “pal” arrastre al chocar con la apisonadora utilizada por los filigranas de la Editorial Bruguera que vociferaban orgullosos ¡Chapeau ,quedas detenido en nombre de la ” T.I. A”!.

Y aparte de la aportación en la revista “Pulgarcito”, nuestros queridos titanes curraban en series de animación, álbumes de cromos, anuncios en Televisión, campañas de publicidad, etc… y para colmo de bienes, su papá adoptivo, el fantástico e irrepetible Ibáñez, se preparaba para venir a Albacete en loor de multitud, algo que os contaré en el próximo capítulo.

Nuevo abrazo, lectorcillos de “La Cerca” y hasta dentro de una pizca.

Valeriano Belmonte