Mortadelo y Filemón vivían la Navidad en las divertidas viñetas de las revistas de Bruguera dedicadas a las Pascuas, en los almanaques especiales del semanario Pulgarcito y en otros de grato recuerdo, en los cuales los personajes de Ibáñez lamentaban que no le hubiera tocado la lotería e intentaban esquivar las inocentadas del 28 de diciembre.

Rara vez lo conseguían ya que al final llevaban en sus espaldas muñequitos recortables para vender y regalar y eso que Mortadelo bordaba su oficio de “disfrazador” de campanillas llegando incluso a vestirse de muñeco de nieve al lado de Filemón para escapar de las garras del Jimmy el Masticador de vesículas, higadillos y mondongos, de Lucrecio Borgio y su banda, de Chapeau el Esmirriau, Alicatez el dentista, Pepe Calambrazo y del incombustible Metralleta… y luego estaban los atavíos de Papá Noel y Rey , dentro y fuera de la Máquina del Cambiazo.

El clásico y legendario dúo se despedía de la aportación fija hasta entonces de una página en el número 1749 del citado Pulgarcito ( los mozos descansaban en el 1750 porque les hacía falta ) allá por el ocaso de 1964… y lograban dos en el 1751 mientras sus colegas Zipi y Zape, Carpanta, Tribulete, Gordito Relleno, La terrible Fifí, Uhu y el niño Prudencio ( también de Ibáñez ), El profesor Tragacanto, , Trampolínez, El doctor Cataplasma, Carioco, Las hermanas Gilda y Doña Urraca ,todos ellos fantásticos, por supuesto, se conformaban con menos espacio… Y es que los celebérrimos agentes informativos y desinformativos se hallaban en la cresta de una ola sin borrascas ( Contí seguía diciendo con simpatía que los chavales de don Francisco desbancaban al resto de los colaboradores de la joya brugueriana… y le sobraba la razón ).

Mortadelo y Filemón irrumpieron en enero del 65 con brillo , agallas y coronas de laurel, por cierto que a punto de la entrada triunfal de los , la Familia Telerín anunciaba a pleno pulmón y en cómodos “bocadillos “ que la colección de sus libros de cuentos ¡Vamos a la cama! con sus “Vamos a pintar paisajes, juguetes, animalitos, vehículos, etc…” se vendían a diez pesetitas.

Por esas fechas, Mortadelo iniciaba una aventurilla fabulosa envuelto en el caparazón de un sonriente caracol que escuchaba la conversación sospechosa de dos individuos que, al parecer, querían liquidar a un chivato cansino… Arropado con la piel de un ciervo similar al Bambi de trotaba a contárselo a Filemón explicándole en seis segundos y un cuarto que a la víctima le sacudirían de lo lindo en el solar de la calle del Mendrugo. Había que impedir la inminente paliza. Filemón, pues, se encaramaba a un árbol con la pésima ayudita de Mortadelo que propiciaba cantidad de caídas y batacazos a granel sufridas por el jefe de la empresa que echaba espuma por la boca y humo por el espinazo.

Chasco, metedura de pata y pinreles acabando la odisea… porque el estacazo iba dirigido al loro chivato y parlanchín de Feliciano Marmanta ya que no cesaba de repetir palabrotas sin el debido permiso de la censura de antaño. Resumiendo y avanzando entre Marcelo, Rosendo, Escolástico y Fernando, que Mortadelo el oyente a la vera de la gente, se paseaba por la zona de su barrio vestidito de pollino acosado por un Filemón iracundo que quería obsequiarlo con un regalo de Reyes… Y me toca despedirme con mi ¡Feliz Nochevieja y próspero 2018! ¡Chao y hasta el Año Nuevo, si Dios quiere!.

Valeriano Belmonte