Alejandro Santamaría, alias Nené Estivill para el mundo de la historieta de humor, se convirtió en uno de los autores más pintorescos y peculiares de la todopoderosa Editorial Bruguera con dos series que triunfaron plenamente en los semanarios Pulgarcito y . Primero llegó La Terrible Fifí allá por 1958 cuando en el caluroso junio albaceteño se estrenaba a bombo y platillo en el viejo Capitol “Los jueves ,milagro”, la película de Berlanga interpretada por los inolvidables , , Guadalupe Muñoz Sampedro, Richard Basehart, Paolo Stoppa y otros de gratísimo recuerdo, por cierto que Isbert encarnaba al falso santo que intentaba atraer al turismo al balneario de un pueblecito olvidado.

Las carteleras ,ubicadas al lado de la taquilla mostraban escenas de la fantástica cinta y a ellas se acercaban cantidad de aficionados al séptimo arte comprando picas, caramelos y tabacos en los modestos tenderetes de Amparo y Virtudes que hacían el “agosto “ dos meses antes de la entrada triunfal del octavo mes del año.

Pues, bien si la sala que regentaba don estaba a rebosar con la soberbia producción, las papelerías de la capital del acero tampoco se quedaban mancas con la Fifí de Estivill, la niña de siete abriles menudita, con ojos vivaces, ceño fruncido, sonrisa perversa, trenzas hacia arriba similares a las de Pippi Calzaslargas y ataviada con vestidos variopintos recargados de lazos multicolores en la espalda. Junto a la “candorosa “ y “tierna” infanta curraban sus papás y , su hermanito pequeño y la tía , solterona por los siglos de los siglos porque su novio Melanio no se decidía a dar el paso decisivo para llevarla al altar y es que el eterno pretendiente, amén de ser más corto que las mangas del chaleco del primo de Sinforiano ,tenía escasas “luces” y eso que las farolas de su barrio permanecían encendidas las veinticuatro horas posiblemente porque posiblemente la Hidro les había hecho una oferta.

Otro currante de las aventurillas “fifinianas” se llamaba Don Ricachini, casto varón de fabulosa fortuna… y víctima de la “dulce” e “ingenua” nenita capaz de realizar gamberradas de tomo, lomo, costillas de cerdo, pechugas de pollo y filetes de ternera, por ejemplo en lugar de meter en la cajita –recalo de Melanio para Ofelia, la criaturita cambiaba el obsequio de cumpleaños e introducía un loro con tarjetita y versitos que desgranaban que el animalito era su vivo retrato.

La novia premiaba la acción persiguiendo al noviete y a su sobrinita del alma con rifle cargado de perdigones lejos de la Cartuchería Ruiz albacetense cuyo dueño moraba en , 3. Alejandro o Nené trabajaba en Telefónica y naturalmente, con sueldo seguro, no echaba horas extras ni en Bruguera ni en Valenciana, las empresas que le publicaron sus éxitos de postguerra.

Puso en órbita al célebre Agamenón, señor de campo, soltero y sin posibilidades de hacerles la “rueda” a Puri, Pepi y , chavalas de su amable pueblecillo, con boina hasta en la cama, alto, recio, fortachón, rostro infantil y dos dientecitos que le sobresalían en las viñetas de sus deliciosas páginas.

Agamenón, pedazo de pan de Calatrava, sencillo y próximo a la gente…pese a que utilizaba garrotes de leyenda a la hora de despertar al tío Lirón, se ganó a los lectores que lo esperaban como agua de mayo y reían con él y con don , Ruperto ,el alcalde, el marqués de Perogrullo, el doctor Serrucho, Olegario, el alguacil y Curro Sémola, el mozo más “apañao” del lugar, según las “gachís “ de la zona y la abuelita que mencionaba al “defunto” de su “agüelico”.

Nené gestó a Silvano Mengano para la revista Can Can en el esplendor de la carrera de la exuberante actriz Silvana Mangano, arrolladora y sensual en Arroz amargo, Ana, Mambo, Ulises y Tempestad y publicó chispas y secciones en Jaimito, La Risa, El Campeón de las Historietas y El Suplemento de El DDT.

Estivill merecía este pequeño homenaje y otros que deberían hacerle sus fieles admiradores que se contaban por miles.

Valeriano Belmonte