Los paisanos y familiares, con los que coincidía por , le daban noticias de atrás, sobre esos días de marzo de tanta confusión con los estertores de una guerra que finalizaba con las consecuencias que devinieron para todos, según su nivel de compromiso o circunstancias que decidieron colocar a cada uno en determinado lugar o situación. Los que no pudieron experimentar esa retribución social o penal fueron quienes se dejaron la vida en cuatro días de golpe y contragolpe. La Comisaría de Policía también padeció el rigor de un desatino general.

El día cinco por la mañana, Díez, Jefe del Destacamento Portus, Fronteras y Puertos, que había tenido noticias preocupantes procedentes de , decidió acercarse a la Comisaría para colaborar en lo que fuere preciso. Lo acompañaba el Agente Justo Ruano Asenjo y el Comandante del puesto de Carabineros, Ismael Crelgo Ordax. Cuando llegaban a Canteras vieron como los obreros del Arsenal regresaban a casa porque nos les dejaban entrar en Cartagena. En Canteras había controles militares que impedían el paso a la ciudad. Dos sargentos del Regimiento Naval los identificaron para dejarles seguir. Aprovechando que un camión de la Comandancia de Ingenieros iba en dirección a Cartagena, subieron acompañados por un sargento y un marinero. Les informaron que en la noche anterior hubo muchos tiros.

El Sargento Crelgo decidió bajarse y regresar a pie hacia Portus. Alejandro Ruiz y Justo Ruano se bajaron al comienzo de la calle Real para seguir caminando. En la un grupo de personas armadas cacheaban a oficiales de marina. En esos días se escuchaban rumores de que la Escuadra estaba a punto de zarpar. Efectivamente, el día cinco corrió el rumor que altas personalidades de Cartagena, entre los que se encontraban el Jefe de Servicios Civiles y el Comisario Jefe de Policía, habían escapado en la Escuadra, que abandonó el puerto.

Más tarde se conoció que, ese día cinco, sobre las 08,45 horas, el Comisario Jefe, Miguel Salinas Muñoz, que estaba en la Base Naval, ordenó que le llevaran desde la Comisaría todos los pasaportes. Los Agentes desplazados fueron encargados de la custodia del edificio. Eran cerca de las 12,30 horas, cuando vieron salir rápidamente a varias personas, entre ellas José Semitiel, Jefe de los Servicios Civiles, y el Comisario Jefe, que embarcaron en buques para zarpar inmediatamente. Poco después, elementos sublevados izarían la bandera monárquica en el edifico de la base.

Al cruzar la Plaza del Prefumo, Alejandro Ruiz y Justo Ruano se encontraron con otro grupo de militares y el oficial les pidió la documentación comprobando que eran agentes. Conforme avanzaban se iban encontrando con más patrullas militares. Muy cerca de la Comisaría, en la calle Cuatro , unos soldados los encañonaron deteniéndolos. De nada sirvió el que fuera agentes y que iban a la Comisaría. Los llevaron a pie, con los en alto, hasta el edificio de Telégrafos, donde fueron entregados a un sargento del Regimiento Naval, al que dijeron que eran agentes. Los presentó a un oficial y les pareció entender que eran dos más para sumar a otros agentes que ya estaban dentro. Les exigió la entrega de sus armas, pero se negaron aduciendo que sólo lo harían ante un superior o compañero de la Dirección General de Seguridad. Ante las amenazas, le dieron sus armas, como así hacían en el mismo lugar otros militares, también detenidos.

Todas las armas iban dejándolas a cargo de un cabo de infantería, que mandaba una patrulla. Los trasladaron al Parque de Artillería. Al cruzar dos patios del interior pudieron ver a otros compañeros a los que preguntaban qué estaba pasando, pero no contestaban y se apartaban de ellos. Fueron encerrados en el taller de pintura después de quitarles el carnet, y la placa a Justo Ruano. Dentro del taller había mucha gente, detenida como ellos, entre los que conocieron a funcionarios de Fronteras y Puertos de . Desde el patio escucharon lo que desveló todo el misterio, pues gritaban vivas a Franco y arriba España. En ese momento se apercibieron de la gravedad de su situación y todos los allí detenidos rompieron documentos que pudieran relacionarlos con partidos políticos o sindicatos. Estaba en juego sus vidas.

Artículo de opinión de - Comisario Jefe de la en la provincia de