En los últimos años hemos presenciado diferentes intentos de resolver el problema hídrico nacional, partiendo de una política hidráulica basada durante décadas en la construcción de importantes obras de carácter público, principalmente pantanos y trasvases, que posibilitaron la distribución de un recurso estratégico entre cuencas hidrográficas. Durante este periodo, también se han acometido mejoras muy relevantes en las redes de distribución del agua, así como mejoras en los sistemas de regadío, que ha impulsado el crecimiento económico de muchas zonas rurales.

En la actualidad, concebimos el agua como un recurso limitado que debe satisfacer las necesidades domésticas, agrícolas, empresariales, turísticas así como atender demandas sociales y ambientales.

Eludir abordar esta cuestión, plantear un nuevo , a pesar de su complejidad, es un lujo que nuestro país no puede permitirse. España tiene una superficie agraria de 17,2 millones de hectáreas, de las cuales 3,8 millones son de regadío. Para hacernos una idea de la dimensión económica, estas hectáreas de regadío sólo representan el 22% del total de hectáreas, pero aportan el 77% del total de la producción agrícola de nuestro país.

Si concretamos más, la producción nacional de frutas supone el 28,5% de la producción europea, y en el caso de las hortalizas el 21,3%. Esta capacidad productiva, con la modernización de regadíos y la llegada de nuevas tecnologías al sector, ha sido capaz de incrementar la producción, proporcionando una oferta de productos a la sociedad a precios muy asequibles. En términos de empleo, en 2017 España sigue siendo la sexta economía de la Europa de los 28 con mayor número de trabajadores en el sector agroalimentario, la cuarta si hablamos exclusivamente de empleados en agricultura y pesca, prácticamente en el mismo nivel de Francia y ligeramente inferior a Italia.

El reto futuro pasa por profundizar en el uso racional del agua y la capacidad de aportar valor añadido a su aprovechamiento, basándonos en cuatro pilares básicos que es necesario combinar:

En primer lugar eficiencia, planteando las inversiones necesarias valorando correctamente coste y su utilidad. En segundo lugar la racionalidad; se trata de un recurso escaso cuyo uso hay que optimizar haciendo que se dirijan y sean utilizados por los agentes que generan mayor valor añadido. En tercer lugar la sostenibilidad, es imprescindible tener en cuenta los efectos presentes y futuros que la gestión hídrica pueden tener sobre el medio ambiente y sobre los territorios, y en último lugar la equidad, buscando un una distribución justa de los recursos en la sociedad española.

Soy de los que opinan que los ciudadanos valoran la valentía de sus representantes a la hora de abordar problemas, y premian la visión de estado por encima de intereses partidistas o localistas. El agua requiere una visión de estado y un esfuerzo de generosidad, sabiendo que es un factor capaz de potenciar la expansión turística y generar un efecto multiplicador en los rendimientos de las actividades de regadío, generando una importante actividad económica alrededor (transporte, insumos, industria transformadora, etc..). El éxito de , y la Comunidad Valenciana ha sido ser capaces de hacer más con menos, ser capaces de reutilizar gran cantidad de agua (hay zonas de España a años luz en este labor) y optimizar al máximo su uso, y sobre todo un proceso de innovación continua digno de admirar.

Para Castilla La Mancha como para otras comunidades, es imprescindible abordar un proceso de cambio de cultivos que generen mayores ingresos y márgenes, modernización de los sistemas de riego, y garantizar un suministro de agua necesario para los mismos. Para España, lo imprescindible es lograr un amplio consenso que permita crear un mercado del agua eficiente, y construir una importante red de infraestructuras que movilice un recurso tan determinante en la prosperidad de los territorios como el agua, garantizando las sostenibilidad medioambiental de las cuencas de origen. Para ello, nada mejor que recuperar lo valores de la transición: generosidad, concordia, cesión por parte de todos y visión de estado.

FDO: SANTIAGO SANCHEZ LOPEZ

Economista y Secretario de Economía del PP de Albacete