1. INTRODUCCIÓN. La importancia del suelo y de las cubiertas vegetales

El suelo es uno de los recursos naturales que posibilitan la vida en la Tierra. En este soporte vital, las plantas desarrollan sus raíces y encuentran los nutrientes necesarios para su crecimiento y reproducción.

Es sabido que un suelo tarda mucho tiempo en formarse a partir de la roca que lo originó. El clima, la naturaleza de esta roca madre y los diferentes tipos de vegetación que se van instalando con el paso del tiempo son los factores más importantes en la formación y evolución de un suelo. Primero llegan los líquenes, después las plantas herbáceas, luego el matorral, a continuación el bosque de coníferas y finalmente se puede alcanzar el clímax de la evolución con un bosque de frondosas si las condiciones edáficas (1) y climáticas lo permiten. Este proceso puede durar siglos y cada formación vegetal que va apareciendo sobre el suelo propicia las condiciones para que luego se implante la formación vegetal siguiente, creando cada vez mayor profundidad de suelo y cantidad de materia orgánica a lo largo de esta catena sucesional.

Pero los suelos son frágiles y pueden perderse por la erosión, en sus modalidades hídrica o eólica. La erosión aumenta con la pendiente del terreno, así las pérdidas de suelo por escorrentía superficial son normalmente mayores en las vertientes situadas en las zonas altas de la cuenca hidrográfica. Sin embargo, las cubiertas vegetales de estas zonas protegen los suelos de la erosión, atenuando el golpeteo de las gotas de lluvia contra el suelo y favoreciendo la infiltración del agua en el mismo, a la par que evitan que el suelo sea arrastrado ladera abajo porque sus raíces hacen el efecto de una red que retiene el suelo.

Sin embargo, esta labor protectora puede destruirse en poco tiempo por un incendio forestal o por talas abusivas, no previstas en el Plan de Ordenación del Monte. Después del fuego o de las cortas indiscriminadas, el suelo se queda sin su paraguas vegetal protector y, si se producen lluvias fuertes, el golpeteo de las gotas de agua y la escorrentía superficial lavan los suelos arrastrando la capa fértil ladera abajo y colmatan los embalses de sedimentos, mermando su capacidad de almacenamiento de agua.

Para evitar las pérdidas de suelo en las cuencas hidrográficas desnudas de vegetación puede actuarse superficialmente en sus vertientes mediante la repoblación forestal (una vez comprobado que la regeneración natural de las especies forestales no ha producido de forma satisfactoria) (2) y también de modo puntual en los cauces con la construcción de diques.

(1) Edafología: Ciencia que estudia el suelo, su formación, evolución y ecología.

(2) Algunas especies forestales, en especial las del ámbito mediterráneo, están adaptadas a los incendios forestales (siempre que no sean recurrentes en periodos cortos) y liberan sus semillas en mayor grado después del paso del fuego, denominándose especies pirofitas. Un claro ejemplo es el pino carrasco que abre sus piñas liberando sus piñones de ala grande tras el incendio.

2. Repoblaciones forestales

En primer lugar hay que elegir bien las especies forestales adecuadas y la mezcla de las mismas (coníferas, frondosas o matorral) para repoblar la zona sin cubierta vegetal o con cobertura escasa o degradada, debido a la erosión o a un incendio forestal. Las especies forestales se seleccionan dependiendo del clima, del tipo de suelo y de la vegetación preexistente. En general, es deseable la mezcla de dos o más especies en aras de la biodiversidad, imitando a la naturaleza.

Después se realizan los trabajos de preparación del terreno, en función de la pendiente y del tipo de suelo, subsolado o plantación por hoyos, de forma mecanizada o manual. Finalmente tiene lugar la plantación, en otoño o primavera, de plantas de una o dos savias, cuando haya tempero. La colocación de protectores ayuda a las plantas jóvenes a defenderse del diente de animales silvestres (conejos), de la excesiva insolación y del viento.

En las tareas de repoblación forestal se genera empleo en el medio rural porque la fase de plantación hay que hacerla a mano, planta por planta, y se requiere la contratación de cuadrillas conocedoras del oficio, estimándose que son necesarios al menos 9 jornales por hectárea plantada, para una densidad media de 1.111 plantas por hectárea.

3. Diques y albarradas

Los diques se construyen con mampostería hidráulica en los cauces de barrancos, ramblas o torrenteras, normalmente secos. Se anclan en su base y aletas en roca firme, con cuatro condiciones básicas para su estabilidad: que no vuelquen, que no deslicen, que la roca tenga capacidad portante para sostenerlo y que no existan tensiones de tracción en el interior del dique.

Una vez construido el dique, la pendiente longitudinal del cauce disminuye y también la fuerza erosiva del agua del torrente, depositándose en la cubeta las piedras y sedimentos, estabilizándose el barranco y evitando que los arrastres viajen aguas abajo y causen daños. En la base del dique, se construye el disipador hidráulico de energía del agua del torrente, bien en forma de colchón de agua o bien en forma de escollera o de dados de hormigón armado. Su finalidad es que la corriente de agua pierda fuerza erosiva aguas abajo del dique.

Otra función de los diques es la defensa de infraestructuras como las carreteras, vías férreas o poblaciones. Esta defensa es más necesaria cuando a principios del otoño se produce el fenómeno meteorológico de la “gota fría”, cuando una masa de aire frío (más pesado que el caliente) se desploma sobre la costa mediterránea obligando a subir rápidamente al aire caliente y húmedo que estaba en contacto con el mar. Al subir el aire se enfría y se produce la condensación del agua, formándose nubes virulentas de desarrollo vertical que descargan en fuertes precipitaciones sobre la costa mediterránea y zonas cercanas, como es el caso del este de la provincia Albacete. Baste recordar las víctimas, inundaciones y destrozos de octubre de 1982, causados por la gran crecida del río Júcar (del árabe “suquer”, el devastador).

Además, en la cubeta de los diques se forman zonas húmedas con abundante vegetación donde la fauna del monte y el ganado que pasta encuentra alimento verde y agua. En muchas ocasiones, debido a la nivelación del terreno que producen los diques y la fertilidad de sus tierras acumuladas, se instalan cultivos agrícolas entre los diques.

(3) Explicación al texto de la foto anterior. Mechinales: Tubos para la salida del agua cuya función es disminuir el empuje hidráulico sobre el dique

En la provincia de Albacete, el ha efectuado importantes inversiones de manera sistemática en Planes de Conservación de Suelos mediante la construcción de diques y de “paradas” para sujetar el suelo, tanto agrícola como forestal. Desde el año 1990 hasta la fecha se han invertido más de 17 millones de euros en las comarcas de La Manchuela y de Campos de Hellín, en la construcción de 245 diques, empleándose 280 personas cada año procedentes de la población rural de estas zonas. Sus objetivos han sido: a) defender las infraestructuras de la zona (poblaciones, caminos, acequias), b) estabilizar las ramblas c) reducir las pérdidas de suelo y d) disminuir el aterramiento de embalses situados aguas abajo. Los resultados de conservación del suelo son visibles para cualquier viajero que atraviese estas comarcas, sin necesidad de salirse de las carreteras. La diferencia con otras comarcas cercanas de similares características geográficas, situadas fuera de la provincia de Albacete, es patente.

Las albarradas son diques de menor tamaño, fabricados con piedra en seco, que se colocan en los cauces de los torrentes para estabilizarlos y lograr una pendiente longitudinal del cauce que esté equilibrada, tendiendo a igualar los aportes de sedimentos con sus pérdidas. Es importante la función de la albarrada para sujetar el poco suelo existente, se puede construir en las partes altas del monte aprovechando la existencia de piedra, especialmente en las solanas, donde la vegetación es más rala. En las zonas de monte quemadas no se sacan todos los árboles, sino que se dejan algunos “árboles percha” para refugio de fauna y nidificación de aves.

4. Faginas

Las faginas (fotografía de abajo) son barreras rudimentarias construidas normalmente con materiales naturales in situ, troncos y ramas de madera quemada, que se colocan en el monte siguiendo curvas de nivel para evitar la erosión después de un incendio forestal.