Me gusta el nombre de Pascual. Suena bien y resulta familiar y cercano y sobre todo porque a lo largo de mi existencia he conocido a Pascuales tan queridos como eran, son y serán Pascual Moreno Flores , el popular “Agujas “ y el ibañés. El primero vivía en las primitivas casas del Ayuntamiento enclavadas entre las calles , Ángel y Paz (dichas viviendas desaparecieron para dar paso a edificios sólidos, modernos y altísimos entre los cuales se encuentra el INSS )

Con Moreno Flores compartí colegio, lectura de tebeos, cambio de cromos y películas tan recordadas como “Más allá del “, “Todos los hermanos eran valientes “, “La Túnica sagrada “, “Coraza Negra “ y “Scaramouche “ en los viejos Teatro Circo y Capitol , por cierto que el jardinero – poeta y cantautor de la tierra del acero, se parecía poderosamente a Granger, el actor y protagonista de dos de las deliciosas cintas que calaban profundamente en los chicos y adultos de los años cincuenta del siglo pasado. Pascual Pérez , el cartero y auxiliar de clasificación postal, se convirtió en casi un hermano.

Nunca olvidaré lo bien que lo pasamos trabajando, conversando e incluso improvisando canciones a la vera de las carretillas repletas de sacas de correspondencia en la sala de dirección, ni el detalle que tuvo con mi hermana ( Pascual sacrificó en varias ocasiones su media hora de descanso para ir a verla al Sanatorio Santa Cristina).

Y ahora voy con el tercer Pascualillo que, a pesar de no ser de carne y hueso sino de papel y tinta china carísima, me enamoró allá por 1953 cuando disfrazado de sirviente de altos vuelos asomó su gigantesco palmito en una de las páginas del número 1.149 del semanario “Pulgarcito “… ¡Llegaba “Pascual “, el criado leal del fantástico historietista Ángel Nadal! y lo hacía currando a segundo y medio de “Gordito Relleno”, “”, “Carioco”, “Tribulete “, “Doña Urraca“, “Carpanta “, “Zipi y Zape “, “Las Hermanas Gilda” y “El Doctor Cataplasma “, tras el adiós de “Casildo “, “Calixto “, “ “, “Leovigildo Viruta”, “La Familia Pepe “, “Sandalio Pegamín “ y “Cucufato Pi “. Pascual, el afable, pícaro, listo, obediente según las circunstancias, mal pensado y grandullón, entraba por la puerta principal de la Editorial Bruguera dispuesto a atender a su señor, al caballero cuarentón bajito con cuidado bigote y monóculo en el ojo derecho que se paseaba por su espléndida mansión con bata de estar de marca y aires de grandeza.

Fueron muchas las aventuras de amo y criado durante siete u ocho añitos de forma ininterrumpida haciendo sonreir a chicos y adultos semanalmente al precio de dos pesetas ( el trazo elegante y expresionista de Nadal destacaba en cada uno de los rincones de la adorada revista y conquistaba a los admiradores de “padre” e “hijo“).

Pascual en la fiesta que daba su jefe en la regia fortaleza invitando a la más rancia nobleza y pensando que tal “hazaña” figuraría en los periódicos pegado a la aristocracia, a la pompa y al abolengo.

Velas, cortinas de terciopelo, lámparas más deslumbrantes que la escasa luz que daba la bombillita de mi bicicleta Orbea telegráfica camino de los oscuros barrios de y “Cerrico “ en la lejana etapa… y ropas especiales para un Pascual transformado en mayordomo con bastón de chambelán que utilizaba para anunciar a los invitados dándoles golpes… en la cabeza ( al final en el palacio de marras había más camillas que croquetas y canapés ).

Pascual solía llevar a hombros a su señor cuando salían al campo… y le contaba chistes del vecino Homobono al precio de cinco duros. Pascual hizo las maletas y se marchó con su “tutor” a finales de 1959 debido a las desavenencias con Bruguera de Nadal que abandonó sus colaboraciones barcelonesas y trabajó para los mercados inglés, alemán y danés. Naturalmente los abonados de Pascual le echamos de menos, pero la vida sigue y hay que continuar con el siguiente personaje que llegará a vuestras plantas en los primeros compases de un octubre membrillero. ¡Un abrazo, queridísimos!.

Valeriano Belmonte