Hace unas semanas indicaba que cada elección es una oportunidad, aunque estemos viviendo días en los que parece muy difícil, para definir el futuro colectivo. Hoy vemos con claridad que el ejercicio del diálogo en Cataluña ha desbloqueado una situación que parecía irremediablemente abocada a unas nuevas elecciones; intuimos también que será necesario un ejercicio de diálogo intenso, inteligente y creativo para poder conformar, primero, las Cortes Generales y, después, el gobierno de España. Diálogo, participación, apertura de miras, pacto de diferencias,…son algunas de las características que pueden y deben materializar el encargo que los ciudadanos hemos hecho con nuestro voto hace pocas semanas.

Pero la necesidad de diálogo, participación y el resto de características del debate constructivo, que incluye oír las críticas, no está sólo circunscrita a la política general, otras corporaciones como las universidades las necesitan también. Diría más, no es que la universidad las necesite es que el debate, la crítica, la búsqueda de soluciones sumando conocimiento, compartiendo opiniones son consustanciales con las universidades. Por eso llama la atención que estas características se reclamen en algunos discursos en estos días. ¿Será que han estado ausentes en la vida cotidiana de nuestra universidad? Cuando una institución como la universitaria se dispone a abordar un proceso electoral que, sea en primera vuelta sea en segunda, elige su rector entre dos personas debiera coincidirse en que una diferencia pequeña en votos no ha de traducirse en lo que en la vida política general se denomina gobierno monocolor. No debiera temerse que el gobierno “pasara factura” a las personas que toman posición en el debate preelectoral. No sería propio de una corporación en la que la inteligencia y el conocimiento son algunos de sus pilares, provocar una cascada de sustituciones de responsables tras un cambio de gobierno.

Saber que se pertenece a una institución en la que expresar la opinión no genera miedos, si acaso argumentos en contra; en la que puedan expresarse las convicciones sin arriesgar el interés legítimo o dicho de otro modo, no hay que elegir entre intereses y convicciones, es muy reconfortante. Además, y no es poco, es participar de una institución en la que se puede ejercer la libertad.

Confío en que estas próximas semanas antes de las elecciones de rector de la UCLM sean una muestra de la capacidad de debate abierto, de contraste de proyectos, de análisis realistas de futuro, de un ejercicio responsable y libre del derecho a hacer propuestas y críticas. Sé, sin embargo, que a no a todas las personas les apetece entrar en la confrontación de ideas, ni hacer pública su posición por eso siempre está, el día 9 de febrero, el voto libre, secreto y directo.

¡Gracias y buena campaña a todos los que os queréis enrolar en este servicio a la comunidad universitaria! . Catedrático de la