Con todo el respeto. Hace 40 años soñamos un país de iguales, durante 40 años hemos luchado por una democracia de iguales. Las trabajadoras, los trabajadores creímos en un país por el que hemos hecho grandes sacrificios, un país en el que vivir dignamente; en el que después de 40 años de dictadura y subdesarrollo nosotros y nuestros hijos pudiéramos sentirnos libres y seguros.

Sentamos las bases sobre un sistema fiscal justo y que permitiera mantener una sanidad pública y universal; un sistema educativo que llevara al mismo sitio al hijo/a de un obrero y a los de un banquero. También una estructura fiscal progresiva y solidaria entre generaciones que posibilitara un sistema de protección social y de pensiones que nos dejara tener una vida digna a todas y todos.

Hoy ese país que soñamos está más lejos que ayer y esto no viene del cielo, tampoco de ningún infierno; viene del Congreso y del de tantos y tantos viernes negros de consejos de ministros y sí, también de Europa; de los que, nos representen o no, deciden por nosotros pero no pensando en nosotros.

La reforma laboral, la ley mordaza, la amnistía fiscal, el déficit de financiación sanitaria, educativa y de la dependencia, el olvido de la FP, la falta de política industrial y la reforma de las pensiones son un lastre; son el ancla que mantiene a la sociedad española en ese fondo negro de las desigualdades y la pobreza.

Mientras, nuestro país vive inmerso en una crisis económica para los más, una profunda crisis institucional, crisis territorial y medio-ambiental, generacional y de género. Los partidos políticos, elementos fundamentales de la arquitectura democrática, viven la suya propia, también inmersos en dinámicas recentralizadoras y en proyectos, las más de las veces personalistas, incapaces de liderar el debate de modelo de país y de sociedad.

Alguien decía que sindicatos y prensa perdimos la frescura crítica de hace tiempo, no lo voy a discutir; hoy hay que desempolvar las pancartas de hace 40 años. Solo la unidad de todos los trabajadores puede hacer posible revertir la situación, ¿qué otra cosa puede hacer un país que contempla a su Presidente Rajoy acudir a nuestro Congreso y decir que no puede cumplir la Constitución, la nuestra, revalorizando las pensiones?

El trabajador con un empleo precario, con un sueldo de miseria, el trabajador parado o no, pero en ambos casos pobre y el pensionista al que no se le revaloriza su pensión, son las caras de la misma moneda; las dos caras de un modelo de país que no queremos, pero es el nuestro.

Nos dicen a los trabajadores de hoy “si subimos las pensiones, no habrá para vosotros mañana”; a los pensionistas de ahora, “no protestéis, sois los que menos habéis sufrido la crisis”; a los jóvenes, “la culpa de que España no sea un país para jóvenes es de aquellos que tienen un empleo fijo”, y a las mujeres, sencillamente, se pretende ignorarlas en todos los ámbitos. Han socializado las pérdidas de los bancos, mientras desahuciaban a los nuestros, han socializado las pérdidas de las autopistas, han legalizado el fraude fiscal, nos han recortado y remendado los servicios públicos para tapar trasferencias al sector privado. Pero no lo llaman así.

Llaman regularización fiscal extraordinaria a lo que es una amnistía fiscal para grandes defraudadores; al empobrecimiento de las pensiones de hoy y de mañana lo llaman factor de sostenibilidad. Las reformas y el lenguaje de las reformas son un auténtico “Caballo de Troya social” que está haciendo reventar nuestro país por las costuras y esto solo puede tener una respuesta desde la unidad en la calle hoy y en las urnas mañana, una contundente respuesta de rechazo a los que hacen y nos deshacen, desde el y a aquellos que, como Ciudadanos, pretenden ser más de lo mismo sin que se les note y no son más que socios del PP y de la derecha de siempre y de sus políticas de destrucción masiva.

Hace dos años ya dimos un paso, a pasar de discrepancias y conflictos, que los hay y más de los que quisiéramos, en términos generales. Lo mejor que ha pasado en este país ha sido lo que ha venido de la mano de los gobiernos autonómicos y locales, surgidos el pasado año 2015 en todo el país, los actuales procesos de movilización social del pasado 8 de marzo y los que vienen desarrollándose desde las marchas de las pensiones convocadas por CCOO y UGT.

No voy a perder ni un minuto en discutir si hay que derogar esta o aquella reforma, prioricemos la unidad y saquemos a la calle aquellas pancartas que voceaban el país que soñamos, de otra forma tendremos más pobreza, permanente y revisable en más pobreza.

Serrano, secretario general de UGT CLM