Este fugaz personaje de la “Colección Mosquito” estaba dibujado por Carlos Freixas Baleitó, hijo del legendario y genial Emilio, fantástico ilustrador que creó escuela y merece cantidad de homenajes (yo ya le he hecho alguno que otro y seguiré haciéndolo cuando se presente la ocasión) por el copioso legado que ha dejado para la posteridad.

Pero hoy le dedico el obligado tributo al vástago del imborrable portadista centrándome en una pizca de su larga y brillante trayectoria que comenzó allá por el remoto 1942 a través de una serie de cuentos de la “Colección Marujita” publicados por la “Editorial Molino” (Carlos , nacido en 1923, contaba 19 abriles y quería comerse el mundo).

A partir de ahí aportó su granito en “Nick Carter”, serie de corte policiaco y en temas interesantes ambientados en el oeste americano e incluso en colaboraciones a la aguada para la revista “Lecturas” y sobre todo gestando a “Pistol Jim” que pasaría al “Gran Chicos”, a la vera del Impagable “Cuto” de .

Carlos probó suerte en Argentina poniendo en órbita a “Trucho”, “Darío Malbran” y a un indio muy peculiar conocido por “Suarez” y tornando a suelo patrio para entrar por la puerta grande en la todopoderosa “Editorial Bruguera” tras la muerte de su progenitor acaecida en 1976. La historia de “Pistol Jim” empezaba narrando que la justicia de los hombres se había portado bastante mal con él pese a que “Jim” libraba constantemente a los colonos de su entorno de “Drunky Belle”, autor de innumerables crímenes y demás tahúres, pistoleros y malhechores, sin embargo nuestro héroe caía en desgracia y los jurados, amenazados por los esbirros de Belle, le condenaban a muerte.

“Jim” escapaba, vagabundeaba y llegaba al sur de Carolina a lomos de su caballo “Cody” envolviéndose en una epopeya de categoría arropado por “Nick Rolly”, un muchacho feliz que, sin querer, escuchaba un complot para asaltar la diligencia que cruzaría a las once por Bald Rock y caería, si “Pistol Jim” y “Nick” no lo remediaban, en poder de una peligrosa banda de forajidos. Afortunadamente se obraba el milagro y nuestros chicos salvaban al Sr. Jones y a su rubia y encantadora Hija Fanny de los atacantes… Cafés, tabernas, salones de juego con trampas a gogó , mesas rodando por el suelo, puntapiés, persecuciones, prisión y un revoltillo de amenidades fabulosas.

Al final triunfaban las hazañas de “Pistol Jim” y el Departamento Federal lo ensalzaba y reivindicaba. Resumiendo que el “hijo adoptivo de Carlos Freixas” trotaba por la llanuras y se metía en nuevas y espectaculares odiseas acompañado por su fiel amiguito “Nick”. Y nada más, seguidores, os despido muy cordial con mis ripios y mis flores a un paso del carnaval.

Valeriano Belmonte