Al conocer la noticia
Enmudeció el burladero…
Y hoy solloza el mundo entero
Por la muerte de un torero
Que era regalo y caricia.

Orgullo de la llanura,
El mejor de los mejores…
No faltarán nunca flores
Al lado de tu escultura,
Dámaso, insigne figura.

, pese a tu abolengo
Taurino siempre estuviste
Ayudando al “Cotolengo”
Y a “Asprona” y alto pusiste…

… el pabellón de Albacete
Con tu gran categoría
El arte, la simpatía
Y el impagable copete.

El lance, la suerte, el toro,
El ¡Olé!, el escapulario
Y el traje de grana y oro
Para un hombre… ¡Extraordinario!

Dos pases con pundonor,
Verónicas formidables
Y aplausos, diestro en tu honor,
Matador inolvidable.

Gesto sereno en la arena
De un manchego que ha hecho historia
Bordando cada faena
En pos de fortuna y gloria.

Genio y fiera frente a frente,
Reto, cruz, bravura, hiel
Y un caballero excelente
Jugándose nombre y piel.

Dámaso, humilde, modesto,
Excepcional, prodigioso,
Inteligente y honesto,
Diferente y generoso.

Y te has ido, paladín
Con tu carisma y entraña
Mientras musita el clarín
Una plegaria sin fin…
Y “toas” las plazas de España…

… guardan silencio un minuto
Y visten de negro luto
Por la muerte de un señor
Exquisito y … ¡Superior!

Evoco tu afable faz
Y tu epopeya copiosa
Y sigo contigo… en prosa…
Dámaso, descansa en paz.

, amigos, la repentina muerte de nuestro admirado e imborrable Dámaso, apodado con toda justicia “El Rey del Temple “, vuelve a alterar el homenaje a “La Chata”, la plaza de toros albaceteña que el pasado 27 de agosto le dio al diestro maravilloso el profundo, emotivo y sentido adiós en loor de multitud. Carrasco, el héroe de los ruedos, el samaritano de los centros benéficos, el que ayudaba a los que empezaban y el que, viene, portado a hombres reposando eternamente en un féretro humedecido por el llanto de amigos y compañeros, desfiló por su idolatrada plaza… y camino de la , tras permanecer horas y horas en la abarrotada capilla ardiente. Misa, vítores y versos… y una saeta cantada con el alma por Angelita Rodríguez…

Atrás quedaban los recuerdos y los instantes felices y el lejano 11 de septiembre de 1948, fecha del nacimiento de un niño que llegaba con un pan debajo del brazo y un sonrisa divina en el esplendor de una postguerra dura en la Carretera de a un pasito de la “Huerta Azul” y a otro de “La Casita2, cuando los chavales disfrutaban leyendo los cuadernos de “El Guerrero del Antifaz” y las mamás le pedían peticiones a la Virgen de Los Llanos para llegar a fin de mes. Dámaso y su niñez en las calles, , Cruz y jugando a ser torero y consiguiendo sus sueños con matrículas de diamantes.

En un abrir y cerrar de ojos, González cambiando su oficio de novillero por el de “mataor” a la vera de “Paquirri”, “Palomo Linares”, “Espartaco” y de magnos artífices de la llamado “Fiesta Española”… Alternativa de campanillas, orejas y rabos para Dámaso, el buen hijo, el fiel esposo, el padre perfecto y el amigo para toda la vida… Dámaso González merece páginas de oro y plata y libros para describir su dilatada y soberbia trayectoria, pero voy a despedirlo con el grito ininterrumpido que imperó en la manifestación de duelo por el Paseo de la Feria camino de : ¡ Viva, Dámaso!.

Valeriano Belmonte